EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

jueves, 29 de junio de 2017

La famosa “grieta” es esencialmente el resultado de la recuperación del lugar de la política de vastos sectores de la sociedad, del liderazgo de CFK y de las políticas gubernamentales de integración social, entre ellas la lucha por la igualdad. Por Mario Della Rocca





De la Unidad del Movimiento
a la Unidad Ciudadana


La construcción política de aparatos partidarios se encuentra en un proceso de transición sin certezas, sostiene Mario Della Rocca en esta nota. La ex presidenta colocó un mojón importante en el camino de consolidar al kirchnerismo en su representatividad política anclada  especialmente en lo social, con diferentes sectores y problemáticas que sufren en carne propia el ajuste macrista.

Por Mario Della Rocca es historiador, escritor, profesor universitario y periodista, para La Tecl@ Eñe.



Antonio Gramsci señalaba que la crisis consiste justamente en que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer, y en este terreno se verifican los fenómenos morbosos más diversos. Esta frase del clásico pensador italiano la podemos asimilar al fenómeno de la representación política en la Argentina post 2001, que aún no ha culminado para arribar a un sistema político con alternativas partidarias o movimientistas claras y permanentes en el tiempo histórico.

La crisis orgánica del 2001, entre otras consecuencias, inició el camino hacia la reconfiguración de los antiguos partidos tradicionales. La Unión Cívica Radical sufrió el impacto más profundo y jamás pudo recuperarse como fuerza nacional, quedando deshilachado en representaciones provinciales que poco a poco han ido perdiendo representatividad, culminando hoy como aliado residual en la alianza Cambiemos.

El peronismo emergió de la crisis del 2001 como el único con capacidad para gobernar el país, pero el Partido Justicialista ya se había convertido en una liga desmembrada de gobernadores e intendentes que fundamentalmente negociaban sus propios poderes territoriales o se unían tácticamente cuando lo demandaba la coyuntura, como por ejemplo para que Duhalde arribara a la presidencia de la nación con una legitimidad menguada.

Desde el año 2003, con escasa legitimidad de origen, Néstor Kirchner recupera una amplia representatividad política y social a partir de su exitosa gestión gubernamental, afirmándose en la legitimidad de ejercicio del poder. Pero, aún habiendo podido superar la crisis orgánica provocada por el neoliberalismo, sufrió los coletazos de la crisis de representación, por ejemplo en las elecciones legislativas del 2009.

Con la continuidad gubernamental de CFK y el comienzo de la profundización del proyecto kirchnerista, se intensificó la recuperación de la representatividad política y ésta pasó a formar parte ineludible de las preocupaciones de gran parte del conjunto social. La famosa “grieta” es esencialmente el resultado de la recuperación del lugar de la política en la sociedad –con sus consecuencias de politización de vastos sectores-, del liderazgo de CFK y de las políticas gubernamentales de integración social, entre ellas la lucha por la igualdad.

En este contexto, la construcción política de aparatos partidarios se encuentra en un proceso de transición sin certezas de hacia qué tipo de conglomerados políticos con una ideología compartida se devendrá. La ruptura de los lazos sociales y políticos por el que atraviesa la Argentina hace décadas ha tenido consecuencias en este sentido, y la reconstrucción es un trabajo arduo y creativo. En este marco, la labor la militancia por un proyecto de país y por valores y convicciones sigue intacta, y se ha ido extendiendo de lo político a lo social con el correr de los años de gobiernos kirchneristas.

Pero al hoy, es de destacar que las estructuras políticas, muchas veces con comportamientos corporativos y burocráticos, actúan como diques de contención de las políticas de construcción y de gestión transformadoras del Estado y de la sociedad.

La alianza Cambiemos y la figura de Mauricio Macri, con el fundamental asesoramiento de Jaime Durán Barba en el diseño de la estrategia política y con el inmenso aporte del blindaje comunicacional, usufructuó este escenario de crisis de la representación política que destacamos. La filosofía política de Durán Barba –expuesta claramente en su último libro “La política del siglo XXI- intenta imponer al neoliberalismo aprovechando que esa crisis se extienda totalmente a la actividad política y a la vigencia de las ideologías, como lo pretendió sin éxito en los años ’90 Francis Fukuyama.

Pero la realidad argentina muestra que los deseos del asesor ecuatoriano por ahora sólo alcanzan –que no es poco- para aportar la estrategia y táctica de cómo afrontar una elección y emitir un mensaje en las antípodas del kirchnerista, que ha logrado profundizar “la grieta” y consolidar un núcleo duro de apoyo macrismo. Por ahora poco aporta a la legitimidad de ejercicio de un gobierno neoliberal que está reestructurando el país fuertemente, aunque el proceso de avance de la subjetividad de los ciudadanos perjudicados aún sea lento y trabajoso.

En este rediseño de la representación política, quienes tienen capacidad de ejercer poder y liderazgo como NK y CFK saltan hacia delante de la estrecha “real-politik” –muchas veces necesaria, pero otras veces conservadora- abriendo camino a un futuro de cambio. NK lo intentó con la llamada transversalidad, superando los márgenes del Partido Justicialista, pero quienes podían encuadrarse en ella desoyeron su estrategia para ampliar la base política y social de un proyecto transformador. Luego lo intentó con la Concertación, con magros resultados.

La estrategia política actual de CFK es compatible con ese tránsito que había iniciado NK. La ex presidenta acaba de colocar un mojón importante en el camino de consolidar al kirchnerismo en su representatividad política anclada  especialmente en lo social, con diferentes sectores y problemáticas que sufren en carne propia el ajuste macrista. CFK, con su jugada política, eludió a aquellos que auguraban la necesidad de la unidad del movimiento justicialista –como garantía electoral y de gobernabilidad- para trasladarse a la virtuosidad de la unidad ciudadana. Mató dos pájaros de un tiro: abrió cauce a que una parte importante de la sociedad se colocara en la primera fila del enfrentamiento al ajuste macrista y se desprendió del corset de un “pejotismo” deshilachado y corporativista, sin figuras relevantes –Randazzo no lo es- y con su representatividad en crisis, salvo algunas excepciones a niveles provinciales.

Desde hace décadas el ataque virulento de los grandes grupos económicos, ahora acompañados eficazmente por el partido mediático y el partido judicial, contra la política en sí misma, contra el ejercicio de su actividad y contra cualquier atisbo de ideología transformadora contribuyó en gran parte al panorama que describimos. La presencia de CFK en el escenario político es el principal dique de contención a ese avance corporativo hoy base del proyecto neoliberal. Las elecciones legislativas serán una prueba de fuego en esa confrontación y sus resultados abrirán camino a saber hasta dónde llegará el ajuste macrista, la resistencia popular al mismo y la construcción de una alternativa democrática, nacional, popular y transformadora.

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miércoles, 28 de junio de 2017

No son las Instituciones, es la política la que castiga o aprueba









En los comentarios de la nota que nos precede hay un concepto que se confunde. No es que las Instituciones hacen política, más allá de que cada integrante de las respectivas Comisiones Directivas posea su percepción sobre la realidad e ideología, de hecho por responsabilidad tienen el deber de mejorar a diario aceptando todo aquello que sirva para ser más eficientes, llegue esto vía oficialismo u oposición. Por lo cual el rol de la Biblioteca al respecto y en este caso es inobjetable e intachable.  ¿Qué pretenden algunos, que no acepten los libros? Una estupidez...

El tema es otro y tiene relación con el comportamiento de las distintas agrupaciones políticas, sean oficialismo u oposición, con relación a las instituciones y sus coyunturales representaciones. Aquí, desde luego, el oficialismo es el que tiene mayor responsabilidad ya que cuenta con el manejo del presupuesto municipal.

Me alegra que Raúl Reyes exhiba un espíritu mas democrático que su antecesor y su grupo de psicópatas “aculturales”, colectivo de funcionarios que la Biblioteca Popular José A. Guisasola ha sufrido durante el período 2008-2010, vaciando sus contenidos culturales, exhibiendo un desprecio absoluto por cada una de sus propuestas, desinteresado por cada evento cultural organizado, y esto lo comenzó a desarrollar a poco de entender que sus máximas autoridades no eran de su paladar político. Por ejemplo, mientras el siniestro clan Schechtel, más allá de usufructuar un irregular emprendimiento comercial, recibía subsidios directos e indirectos e incluso una Dirección elaborada a medida de la dama de la caterva, a la Biblioteca Popular se le rechazó un pedido de viáticos para la Bibliotecaria.

Como se puede apreciar, la política no la ponen sobre la mesa las comisiones directivas ya que todas, sin excepción, trabajan con conciencia y responsabilidad, la política la ponen los políticos.

En nuestros tres años de gestión al frente el Intendente anterior jamás pisó la entidad, eso sí, sus correveidiles se preocuparon por llevarse el Teatro al ámbito municipal y sacar de circulación a la profesora que habíamos escogido, una joven local con experiencia en la materia, incluso cuando comenzamos con las exposiciones de artes plásticas ofrecieron de inmediato a los expositores las instalaciones de La Casona con la condición que abandonaran las instalaciones de la Biblioteca. La dignidad, el amor por la institución y la gratitud ganaron la partida dado que todos los expositores, sin excepción, cumplieron con su palabra.

Fueron tres años de lucha contra un gobierno que desarrolló una “política” perversa en contra de la entidad. Pero ¿qué le voy a explicar a Reyes? si Reyes, como Contador de la institución lo sabe, ya que este tema lo hablamos varias veces en su estudio.

Más allá de esta intromisión política negativa del oficialismo tampoco contamos con la colaboración de la oposición. De manera que podemos aseverar que ambos estaban de acuerdo con lastimar a la institución, unos por acción y otros por omisión.

Más allá de eso la lucha valió la pena. Ese laboratorio de computación Carlos Cesar Aiub construido con recursos propios y por nuestras manos, con donaciones amigas, que en el presente se utiliza con ufano orgullo, y que incluso reporta ingresos extras, para cuya inauguración en el año 2008 contó con las ausencias de autoridades, dirigentes oficialistas y opositores, gente de la cultura, “homenajeadotes” tardíos de los DD.HH y socios en general, forma parte de una historia que la peor política no logró borrar y que se vieron en la obligación de ayudar a mejorar, aunque sea para que nos olviden.

Y así como el laboratorio, muchas otras cosas más habría para enumerar y que seguramente su detalle molestaría a más de uno de los presentes en el reciente acto aniversario. Y la Comisión Directiva actual lo sabe, y no me parece bien la no mención de que la entidad sufrió en su momento este trato, una pizca de solidaridad institucional a favor de los predecesores exponiendo sus pasadas dificultades y calvarios nunca está demás. Sin necesidad de nombrar a nadie, solo exponiendo lo que no puede volver a suceder. En nuestro caso fuimos taxativos con Coca Fernández a sabiendas que durante su gestión también sufrió políticas de desinterés oficial. Nada pedimos desde lo individual y más conociendo que ciertos especímenes aun siguen cobrando salarios públicos. Estos energúmenos políticos, analfabetos con carnet, pusieron el árbol por delante del bosque y con el fin de perjudicar a personas con ideas políticas distintas no se daban cuenta que jorobaban a la entidad y a su pueblo. Lo triste es que mucha gente del pueblo incluso de aquella Comisión Directiva aplaudió dicha perversión. Acaso, cuanto mayor es la adversidad más se disfrutan los logros, por más pequeños que parezcan.

Nuestra decisión de no concurrir a los eventos del 35 aniversario tiene justamente relación con lo expresado. No tenemos por costumbre escupirle el asado a nadie y menos en esos convites en donde se sirven achuras de hipocresía, más allá que siendo transparentes, eficientes y honestos nos han escupido asados, pastas, pucheros, sopas y hasta postres, tanto es así que con absoluta maldad nos estigmatizaron mintiendo sobre los fondos que quedaron en la entidad cuando nuestro retiro, consideraciones que motivaron nuestra decisión de dejar de ser socios de la entidad de manera indeclinable. A nadie le han causado mayor dolor que a Dorita, una hija del pueblo, una persona por todos conocida, eficiente, profesional, solidaria y altruista. Es hoy en día y luego de siete años que no puede pisar las veredas de la Biblioteca, no hablamos ya de ingresar; y eso ocurre porque todavía conserva el dolor de lo sucedido y más cuando fue una dirigente que durante siete años llevó a cabo la doble función de tesorera y secretaria con absoluta transparencia y responsabilidad, obligación que asumió por amor a la entidad, y también por inoperancia ajena o directo abandono.


Aún así seguimos colaborando con la Biblioteca, en la medida de nuestras posibilidades concretas y de forma  aséptica, siempre desde lo cultural, porque creemos, sin ninguna duda, que es la institución más importante del pueblo, en todo concepto.

Cuando se cumplió el 30 aniversario escribí lo siguiente, ensayo al cual no le tengo que cambiar una coma.  





martes, 27 de junio de 2017

Los oradores de Cristina – Aceptando las novedades del discurso del otro, porque “la patria, para nosotros sigue siendo el otro”...Por Oscar Steimberg, Semiólogo y poeta.







Por Oscar Steimberg, Semiólogo y poeta - Profesor emérito de la Universidad Nacional de Buenos Aires, para La Tecl@eñe


Los que rodearon a Cristina en el acto del 20 pertenecían a todos los sectores sociales que pueden coincidir con su proyecto político; que pudieron y que pueden coincidir. Es difícil reunir, presentar y comentar esa diversidad; en ese discurso nada común aparecieron en sus diferencias tanto como en la coincidencia en la gravedad actual de sus momentos personales y económicos. Esa coincidencia apareció tan natural que pudieron, tal vez, no advertirse algunas de las novedades de esas proposiciones; por ejemplo, la de que se planteara un compartir la palabra o el relato con unos invitados elegidos precisamente a partir de la gravedad de su situación actual. En las crónicas del día siguiente se informó en general que esos diálogos-testimonios estuvieron en la parte final del discurso; creo que es útil señalar que esa parte final fue extensa, además de novedosa.

Mostrar, y no sólo relatar, la abarcatividad de esa gravedad del momento es compartir, aún en los momentos de ejemplificación, la toma de la palabra, nada menos que en la instancia de las frases de cierre. Sin que esta novedad enunciativa, en este caso, quite presencia a la palabra de la oradora. El “organizarnos” centralizado en las propuestas de acción terminó de articularse así con un “nosotros” en presencia que está en la base de la propuesta política. La propuesta transpartidaria es dicha así a partir de la presencia de una multisingularidad que fundamenta la elección de una opción por la organización política presente de un movimiento social. Una opción elegida a partir de un presente reconocido en su condición cambiante y en buena parte imprevisible para todos, incluido todo orador. Se está diciendo que no se trata de seguir una marcha preestablecida en sus modos y objetivos, sino de sumarse a un espacio que no puede no afrontar las oscuridades de su reconstitución organizativa ante las fracturas venidas de un desastre social, y ante la escala de prioridades redefinida en cada momento de la confrontación. Ahí toman su lugar instancias explicativas como la del señalamiento abarcativo de la importancia, hoy, de unas elecciones de medio término: “allí –se dijo- la sociedad expresa si está o no está de acuerdo”; momento, podría decirse, en el que cada uno se enfrenta a algo suficientemente nuevo y complejo como para que no pueda asumirse solamente con alguna predefinición partidaria.

 
Y también está la elección de los invitados a compartir ese cierre de discurso. Conviene reiterar la condición novedosa –y acá podríamos agregar: riesgosa- de esa elección de cierre: los oradores de tribuna suelen ingresar en la última parte de su alocución en una instancia de ascenso del tono, en unidad e intensidad. Y debe ser muy difícil encontrar casos en los que, así sea muy fragmentariamente, la enunciación de ese momento siempre firmemente elevado se comparta. En todo discurso político hay una reconstrucción de relato, y no hay relato en que no importe la instancia de cierre. Y allí el drama de ese relato mostró su pluralidad. La secuencia de las convocaciones fue también social y políticamente novedosa: las jóvenes investigadoras del CONICET que perdieron sus becas estuvieron ahí junto con los migrantes latinoamericanos que perdieron su trabajo o los jubilados que ya no tienen para comprar sus remedios.

Como en todas sus intervenciones, Cristina Fernández de Kirchner habla desde su propia pluralidad enunciativa: la terminología técnica del derecho o la economía es asumida con la naturalidad con que se la incluiría en un discurso docente o parlamentario. Y la interpelación coloquial se alterna con esas proposiciones que abrieron instancias metodológicamente ordenadas, en las que una bibliografía aparecerá también pertinentemente implicada. Como si los diversos conjuntos de destinatarios (diversos en lugar social, en formación política y en estilo) fueran invitados a aceptar y compartir esa inevitable diversidad del discurso político de este tiempo. Aceptando, cada vez, las novedades del discurso del otro. Porque “la patria es el otro”.


domingo, 25 de junio de 2017

En la Argentina, la deuda, ha funcionado como instrumento de sojuzgamiento del futuro generacional Los nietos de Antonia o el peso de los muertos Por Julián Axat, Abogado y escritor para La TEcl@ Eñe




La colocación de bonos a un plazo de 100 años pesará sobre las espaldas de las futuras generaciones, en nombre de las decisiones de las generaciones actuales que rigen la política y que entonces serán cadáveres, escribe en esta nota Julián Axat .

El Gobierno Nacional anunció que colocó bonos por US$ 2.750.000, con una tasa del 7,9%, el cual será pagadero en los próximos 100 años. Es decir, una vez más, la deuda a futuro pesará sobre las espaldas de las futuras generaciones, en nombre de las decisiones de las generaciones actuales que rigen la política y que entonces serán cadáveres.

Como dicen J. M. Buchanan  y R. A. Musgrave en su trabajo  «Teoría de la Deuda Pública», la financiación mediante deuda traslada  el peso de la carga sobre generaciones futuras. Un país que financia el gasto a través de deuda pública carga sobre su juventud, e incluso sobre los ciudadanos futuros. Es el peso de gasto presente. Es la deuda generacional. Según estos autores, un Estado responsable y moral, sería, en definitiva, aquel Estado que no compromete a sus nietos mediante deuda. Pues, no sería justo exigirle a la próxima generación el pago correspondiente a los impuestos que estas nunca contrajeron. Hablamos del derecho constitucional a la libertad y a la soberanía de un país, para que las futuras generaciones puedan vivir en paz y plenitud.

En la Argentina, la deuda, ha funcionado como instrumento de sojuzgamiento del futuro generacional, y ello es verificable desde el primer empréstito con la banca inglesa en 1824, transfiriéndose como empréstito a la generación del 50 y del 80, y así entre generaciones –al igual que en el caso de ayer!- a siglos de distancia. Los ciclos de endeudamiento con la banca extranjera tienen la especial característica de que la deuda no se capitalizó, y fue utilizada para enriquecer a una clase social mediante fuga de capital. Esto se ha hecho incluso mediante guerras o represión. Con estos antecedentes, todo indicaría que una nueva toma de deuda a cien años y a semejante tasa de interés, sería para generar nuevas bicicletas financieras, y no para transformar la economía real.

Solo los gobiernos populares en la historia de este país, disminuyeron el peso de la deuda sobre las futuras generaciones (Irigoyen, Perón, Cámpora, Néstor y Cristina Kirchner). El resto la acrecentó en nombre de la recuperación económica que no existió. El problema es que, en la Argentina, la deuda que transfiere abultada a las nuevas generaciones es "sin beneficio de inventario". La deuda es una carga-herencia como peso insoportable de los adultos a los niños, de los viejos a los jóvenes, de los muertos a los vivos, y así…. Y además, de deuda privada pasa a ser pública, o de deuda provincial a nacional, todo ello con jugosas (ilegales) comisiones e intereses de Bancos e intermediarios, por no hablar de intereses punitorios. Por otra parte, la transferencia supone reciclados generacionales: tomar deuda nueva, para pagar vieja deuda durante ciclos continuos.


"La deuda es una carga-herencia como peso insoportable de los adultos a los niños, de los viejos a los jóvenes, de los muertos a los vivos, y así…. Y además, de deuda privada pasa a ser pública, o de deuda provincial a nacional, todo ello con jugosas comisiones e intereses de Bancos e intermediarios, por no hablar de intereses punitorios. Por otra parte, la transferencia supone reciclados generacionales: tomar deuda nueva, para pagar vieja deuda durante ciclos continuos."


Yo nací en 1976. Mi generación es hija de la deuda contraída ilegalmente por el genocidio instaurado por entonces y denunciado históricamente por Alejandro Olmos: declamado en una sentencia que no se cumple, pero que hoy lleva su nombre, y habla de deuda ilegítima, ilegal, inmoral, contraída a sangre y fuego sobre los cuerpos que no aparecen. Yo hoy tengo 40 años. Mi generación, además de cargar con los muertos, paga aquella deuda contraída en forma espuria. De la misma forma se acumulan los servicios de deuda a los nacidos en los 90, quienes –aun cuando sufran las condiciones económicas actuales- pagan el fabuloso e ilegal Megacanje que –a través del actual presidente del BCRA- blindó a De la Rúa, antes de salir con el helicóptero allá por diciembre de 2001.

Siguiendo este razonamiento, si la deuda pública supone una transferencia de carga financiera sobre las generaciones futuras; entonces los nietos del actual presidente serán deudores de tal transferencia, pues en nada se diferencia de futuros niños ciudadanos dependiente del presupuesto general, por lo que deberán pagarla cuando sean adultos, como generaciones del futuro. Me pregunto, aún así para los hijos o nietos de Antonia: ¿por qué razón tendrán que vérselas con semejante deuda? Seguramente los hijos de Antonia no tendrán problemas económicos en el futuro, pero en algún punto será tan deudora como cualquier otro niño que hoy tiene su misma edad y vive en otro estrato social.

Es esta tradición que legan las generaciones muertas la que oprimirá como una pesadilla el cerebro de los vivos. El problema son los no nacidos y la deuda en su sentido simbólico general; a ellos los esperará la sombra o espectro hipotecario sobre sus espaldas. El peso de los muertos. Par ellos serán las cuitas pagaderas a cien años. “Que los cadáveres no sean preparados para el banquete por pedido de la Usura...”, decía Ezra Pound en un poema. En el futuro Argentino, el banquete ya parece estar servido.

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La Plata, 21 de junio de 2017


viernes, 23 de junio de 2017

Historia mínima.. Los Rincones de la Humillación... La fiesta es el 20 pero vos mejor venite el 25, y como deber ser, un par de blues desgarradores



Me acaba de pasar algo tristemente razonable, una experiencia que más allá de lo absurdo del relato no debería asombrar a nadie si es que medianamente conoce cómo y de qué manera se maneja el municipio de Coronel Dorrego cuando desea emitir sus reprimendas y sanciones, sobre todo teniendo en cuenta el elevado tenor intelectual que posee desde hace lustros la dirección de incultura.

Queda en esta síntesis expuesta su inteligencia para la humillación, aunque nobleza obliga aclarar que no es algo que me afecte debido a que he sido tantísimas veces humillado en mi melancolía existencial, al fin y al cabo uno se acostumbra a la desvaloración, de manera que no siento en absoluto vergüenza alguna por llevarme puesto, convivo con mis insolvencias casi de forma orgánica, ergo, no podría vivir sin ellas.

Acabo de encontrar, viernes 23 de junio a las 11.00 AM,  en mi visible e improvisada bandeja de correo, artilugio diseñado con alambre que tiene por sola finalidad que nuestra cachorra Lucha no se coma la correspondencia, una misiva cuyo remitente revelaba la recoleta oficialidad municipal.

Fechada el 12 de junio se invita a un tal Marcelo Gustavo Sala a participar con la obra Los Rincones del Anfitrión a la feria del libro que se llevará a cabo el día 1 de julio en el marco de los eventos organizados para la Semana del Libro y la Lectura en el Centro Cultural Manuel Dorrego.

Feliz por la propuesta de presentar mi obra no reparé ni en el erróneo orden de mi nombre ni en que la epístola poseía fecha de vencimiento y menos que dicha fecha ya había transcurrido. Vale decir, la nota había sufrido la erosión de los tiempos y la caducidad había dictado sentencias terminales. Efectivamente la conformidad sobre la asistencia al evento debía ratificarse antes de las 14.00 horas del día 22 de Junio. La satisfacción duró muy poco, pero quién me quita lo bailado diría un Pangloss de la contemporaneidad.





Pasan cosas raras en mi Pago diría Adrián Stoppelman. Prima facie el absoluto desinterés que despertó la novela dentro de “la intelligentzia” local cuando su lanzamiento, bueno es aclarar que no existen registros sobre la publicación de una novela en Coronel Dorrego en las últimas décadas, cuestión que se choca de frente con esta invitación aparentemente cordial y amena. Y dije aparentemente y recalco prima facie, debido a que el correlato final burocrático y atemporal coloca las cosas en su justo término e intención. Nadie de la dirección de cultura asistió a la presentación que se realizó en la tarde-noche del 22 de abril del año 2016 en la Biblioteca Popular Coronel Dorrego, y menos aún ha habido algún funcionario que haya adquirido algún ejemplar a beneficio de dicha entidad.

Como suelo observar en mis artículos periodísticos el oficialismo se sospecha dueño del estado municipal y procede en consecuencia, incluye y excluye a voluntad, eleva o humilla con la discrecional del inmortal, y procede sin entender que algún día, más temprano que tarde deberá rendir cuentas por sus perversiones.

Pero dentro de todo este sainete de pésima literatura, malicioso, bocetado so pretexto de la palabra cultura,  perpetrado por gente que ni siquiera sospecha de su ignorancia, deseo rescatar la actitud individual de alguien que acaso se estaba jugando más que su puesto político, además intentaba, tal vez de manera inocente y altruista, circular a contramano de un establishment cuya maldad se supera a diario y corre acorde con los tiempos, poniendo sobre la mesa simplemente la buena fe y su sencillez de procedimientos. Y me refiero a la actitud entusiasta de la anterior directora de Cultura, Nora Di Paola, y su propuesta, luego de leer el borrador, para que el municipio se hiciera cargo del costo de publicación de la obra incluyéndola dentro del programa cultural ya que ellos poseían partidas adicionales aprobadas para tales efectos. Vale decir, un mismo partido político, dos calidades humanas distintas. Recuerdo que, gratitud mediante, decidí no aceptar el convite. Por un lado, en aquel entonces todavía podía solventar la carga económica, tenía trabajo, y por el otro no me parecía correcto que dichos recursos públicos apunten a un proyecto individual. Desde luego que la señora comprendió buenamente mi postura y aceptó con alguna critica mi decisión.



De manera que esta historia mínima, probablemente  risible, exhibe paradigmáticamente en dónde reside la meritocracia del actual ejecutivo dorreguense, sobre todo dentro del campo cultural; un sector que no tiene el menor de los decoros para lastimar a los artistas que no son de su agrado ideológico, y que para colmo de sus orgullos no les rinden pleitesías de ninguna clase y especie.


Aquellos vecinos del Pago que con sana curiosidad intenten buscarme en dicha feria no pierdan el tiempo, sospecho que estaré entre mis mascotas, como todos los días, desde que el sistema ha decidido licenciarme. Los Rincones del Anfitrión está a la venta en la librería Garabatos, Perón esquina Fuertes, Coronel Dorrego. El precio es el mismo del lanzamiento, hace más de un año; estimo y creo que por deméritos propios es lo único que no aumentó desde que asumió Cambiemos...


jueves, 22 de junio de 2017

El presente exhibe la fractura entre una elite primermundizada y cosmopolita que “disfruta de su trabajo”, para la que el gobierno macrista ha elaborado un discurso motivacional con apelaciones de autosuperación, y un amplio contingente suburbanizado y hundido, que mira a Cristina.


Capital y trabajo en tiempos de Macri, Por José Natanson, para Le Monde diplomtique


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Aunque probablemente Jeremy Rifkin se haya apurado en pronosticar su final, el mundo del trabajo experimenta cambios acelerados. Consecuencia de la robotización de los procesos productivos, la liberalización del comercio y la deslocalización –el 70 por ciento de los celulares y el 60 por ciento de los zapatos que se consumen en el mundo se producen hoy en China– , el universo de los trabajadores de los países industrializados se ha ido heterogeneizando hasta configurar dos planetas distintos, que viven uno al lado del otro pero cada vez más desconectados entre sí.
De un lado, una elite profesional ultracalificada que se desempeña en los núcleos dinámicos de investigación y desarrollo, políticamente sensible a las propuestas liberal-progresistas, tolerante y cosmopolita, que valora la diversidad, ama conocer otras culturas y cuando viaja elige los vinos del lugar. Del otro, una masa de trabajadores excluidos por la disminución del empleo industrial, condenados a la tercerización y la precariedad de regímenes de trabajo de corto plazo, inestables y mal pagos, que ya no se organizan en función de ciertas destrezas u ocupaciones sino en torno a “bloques de tiempo”, que es lo que compra una compañía de limpieza, vigilancia o incluso atención al público cuando los contrata.
Los nuevos empleos creados por las industrias del conocimiento en áreas dinámicas como el software, la biotecnología o los segmentos avanzados del sector servicios no alcanzan a compensar el encogimiento del trabajo fabril puro y duro. El fenómeno excede al problema de la desocupación: en Estados Unidos, por ejemplo, el desempleo es de apenas el 4,7 por ciento, cerca del umbral de pleno empleo, pese a lo cual la desigualdad y la pobreza aumentan. En una mirada general, el desplazamiento de las industrias del centro a la periferia, a México, Europa del Este o Asia, produjo una “periferización” del Primer Mundo: alcanza con caminar las calles post-apocalípticas de los antiguos barrios industriales de Detroit o cruzar el Périphérique y penetrar los suburbios parisinos para chocarse con la monotonía de bloques gigantescos de monoblocs deprimentes cuya realidad se acerca más al Lugano del Pity Alvarez que a las deslumbrantes metrópolis post-modernas situadas a pocos kilómetros de distancia.
El quiebre, desde los 80, de lo que Robert Castel definió como “el compromiso social del capitalismo industrial”, agudizado unos años más tarde por la desaparición del socialismo como alternativa política, habilitó una hegemonía laboral desreguladora que fue consolidando este sector social desesperado, cuyo malestar ha comenzado a politizarse. De hecho, algunas de las novedades más impactantes de la política mundial, los últimos “momentos María Antonieta”, como el Brexit, el triunfo de Donald Trump o el ascenso de Marine Le Pen, se explican en parte por esta modificación subterránea del mundo del trabajo.
Y por la incapacidad de las elites para registrarla: cuando la candidata del establishment demócrata Hillary Clinton convocó a Jon Bon Jovi y Bruce Springsteen para un acto de campaña en Filadelfia estaba buscando exhibir la adhesión de dos artistas populares que en su momento supieron expresar como pocos el sentir de la clase obrera norteamericana: Bon Jovi, el hijo de un peluquero de Nueva Jersey y una ex conejita Playboy, y Springsteen, “el cantante del pueblo”. El problema es que a esa altura ambos eran ya millonarios multipremiados y que las masas trabajadoras habían decidido su voto por Trump –y reorientado sus gustos musicales hacia Lady Gaga–.
Pero volvamos al punto. La metamorfosis profunda del mundo laboral es una tendencia mundial que, con todos sus matices y notas al pie, se replica en los países en desarrollo, entre ellos el nuestro. Las diferencias radican en que en Argentina, producto de su industrialización inconclusa, un sector de la sociedad nunca llegó a integrarse plenamente a los procesos de desarrollo, siempre se mantuvo excluido. Y también en el hecho de que, frente a la ausencia de un Estado de Bienestar al estilo europeo, el impacto social de la neoliberalización del trabajo comenzó a sentirse ya en los 90, por lo que su respuesta, el giro a la izquierda de comienzos de siglo, fue también anterior.
Como en Estados Unidos, el principal problema no es tampoco aquí el desempleo: el hecho de que según la última medición del Indec la desocupación (7,6 por ciento) sea casi cuatro veces menor que la pobreza (30,3) confirma que la cuestión no pasa tanto por el trabajo en sí como por el poder de compra del salario y los niveles de protección.
Por eso vale la pena poner en cuestión las perspectivas liberales que, de Macron a Macri, ensayan respuestas orientadas exclusivamente a la capacitación de los trabajadores, a partir de la idea de que el problema reside en un desacople entre la demanda de la economía, que exige trabajadores con más estudios o con otros estudios o más flexibles, y la calificación de la fuerza laboral. Aunque por supuesto es importante, en el contexto de una economía en permanente y acelerada mutación, apostar a la capacitación permanente para mejorar la competitividad, este enfoque ignora la mutación estructural del mundo del trabajo descripta más arriba. Y, quizás sin proponérselo, produce una transferencia de la carga por vía de una individuación de la responsabilidad, que en un mágico pase de manos se traslada de una economía incapaz de proveer empleo de calidad a toda la población a la situación personal de los trabajadores, que si no consiguen empleo es porque no estudian.
Pero además, y este aspecto es central, la reconfiguración laboral ha llevado a un desdibujamiento de la relación capital-trabajo, afectada por el hecho de que en el capitalismo de hoy el principal valor económico ya no reside tanto en la posesión de activos físicos como en el conocimiento, que es un capital pero no lo parece. La consecuencia es que este vínculo ha perdido la nitidez que adquirió desde la Revolución Industrial y que, borroneado en un mundo sin chimeneas, resulta cada vez más difícil de apreciar.
Sin embargo, vale la pena hacer el esfuerzo. Sucede que, más allá de las transformaciones recientes, la relación entre quienes controlan los medios de producción, sean éstos una planta siderúrgica, un campo de diez mil hectáreas o un algoritmo, y los que viven de vender su fuerza de trabajo en el mercado, sea ésta la posibilidad de limpiar una oficina, operar a un paciente o programar una computadora, sigue siendo fundamental a la hora de explicar el funcionamiento económico de las sociedades actuales.
Las estadísticas globales confirman que la relación se ha desbalanceado. Consecuencia de las transformaciones de las últimas tres décadas, el polo capital ha ido ganando cada vez más peso en comparación con el polo trabajo. Esta tendencia, que en Argentina comenzó a mediados de los 70 y se profundizó en los 90, fue parcialmente revertida durante los años del kirchnerismo, para retornar ahora, fortalecida por un gobierno que la estimula: la participación de los asalariados en el PBI, que había pasado de un piso del 24,5 por ciento en 2002 hasta tocar un 37,6 por ciento en 2013, cayó 3 puntos, al 34,3, durante el primer año de gestión macrista.
Esto es consecuencia de una serie de decisiones de política pública: la disminución del salario real, que cayó entre 5 y 10 por ciento el año pasado y que, a juzgar por las paritarias, parece difícil que se recupere; la reorientación del modelo económico hacia actividades como las finanzas, la minería y el agro, competitivas y superavitarias en divisas, pero más intensivas en capital que en trabajo y con serias limitaciones para crear empleo de calidad, en contraste con la retracción de ramas socialmente más inclusivas, como la industria, la construcción y el comercio. Y, por último, dos o tres guadañazos de política económica decididos al inicio del mandato, entre los que sobresale el combo, único en el mundo, de devaluación y baja de retenciones.
¿Qué motiva al macrismo a hacer estos cambios? Hay varias explicaciones, no necesariamente excluyentes. La primera es la voluntad oficial de mejorar la rentabilidad de las empresas como vía para impulsar la inversión privada y con ello echar a andar nuevamente la rueda de la economía. La segunda es la convicción de que la “destrucción creativa” propia del capitalismo permitirá compensar los puestos de trabajo desaparecidos en las ramas improductivas con nuevas oportunidades laborales en sectores más competitivos. La tercera es la intención de beneficiar a un sector social del cual forma parte.
Sea por ideología económica, convicción futurista o conveniencia de clase, lo cierto es que, en contraste con un kirchnerismo que reaccionaba activamente cuando detectaba una empresa que suspendía o despedía trabajadores, el macrismo apuesta al lassez faire. Como sostienen Marshall y Perelman en su estudio sobre la historia de las negociaciones colectivas en Argentina, los contextos de repliegue del Estado limitan las estrategias sindicales centralizadas que generan “negociaciones imitativas”, bajo las cuales los gremios tienden a actuar de manera coordinada y los salarios se homogeneizan (incluso, como sucedió a menudo en la Europa de la posguerra, para moderarlos). Además no se perfila un sindicato capaz de liderar políticamente al resto, como ocurrió con los ferroviarios en la etapa agroexportadora de principios del siglo XX, la UOM en el período de sustitución de importaciones y Camioneros desde los 90, lo que dificulta aun más las posibilidades gremiales de acordar una estrategia única. La posición de los principales sindicatos industriales frente al gobierno de Macri, que muchos juzgan excesivamente concesiva, se explica en parte por esta correlación de fuerzas.
El giro macro de la política económica derrama en la realidad micro de los trabajadores y sus familias. El reequilibrio de la relación-capital trabajo no es una abstracción; es un dato concreto que se refleja en la vida cotidiana. El aumento del desempleo, la persistencia de un amplio sector en negro y la debilidad sindical significan también trabajadores más temerosos y por lo tanto más proclives a aceptar una baja de salarios, el pase a la informalidad o vacaciones anticipadas. Este nuevo contexto regresivo, que no fue producto de un golpe de Estado sino de una elección perfectamente democrática, se sobreimprime sobre la crisis del mundo laboral analizada más arriba. Y profundiza, aquí como en el Norte desarrollado, la fractura entre una elite primermundizada y cosmopolita que “disfruta de su trabajo”, para la que el gobierno macrista ha elaborado un discurso motivacional con apelaciones de autosuperación, y un amplio contingente suburbanizado y hundido, que mira a Cristina.


miércoles, 21 de junio de 2017

Hace pocos días falleció Juan Goytisolo, considerado el mejor escritor de la lengua hispana de la contemporaneidad, una poética anomalía cultural y el oficio del poeta



Gregorio Morán, Periodista de investigación e insobornable crítico cultural, columnista habitual en el diario barcelonés La Vanguardia, para Revista Sin Permiso

¿Qué es una anomalía cultural? Esta podría ser la pregunta que cabría hacer para un examen de grado en el bachillerato – si es que esto existe todavía – o para la tesina de un meritorio, incluso para un sólido trabajo de doctorado.
¿Qué es una anomalía cultural? Una verruga en la inteligencia, en la sociedad cultural. O lo que es lo mismo, una ruptura, una atipicidad, un desajuste en la ordenada y clasificada cultura española. ¿Por qué Nietzsche, por ejemplo, no constituye una anomalía en la cultura germánica y sin embargo Max Aub lo es en la literatura española? Porque el primero se define como una singularidad, que es muy otra cosa que una anomalía. Forma parte, con sus particularidades, de una tradición cultural, pero en nuestro caso no. Las anomalías son rupturas que carecen de precedentes y que son consideradas personajes al margen de lo que se daría en llamar “nuestra literatura canónica”.
Porque se trata de su obra, por supuesto, pero también de la actitud social de los poderes académicos, institucionales, que conceden la atribución de quién es quién, y no digamos en estos tiempos donde las instituciones poderosas por excelencia no son sólo las académicas sino las empresariales. Una editorial puede hacer de un plumilla un influente intelectual, o un novelista en la estela de Balzac. Lo que decide es la actitud del medio hacia quien escribe o piensa o monologa, y eso rebaja a niveles penosos lo que llamamos escritor, pensador o monologuista.
Antes de entrar en Juan Goytisolo conviene detenerse en un detalle, nada literario. Pocos hombres concitaron tantos odios y desdenes como este hombre que un día decidió salirse por la tangente y ser él mismo. En el siglo XX hay otros dos casos similares al suyo: Valle-Inclán y Max Aub. Son atipicidades de nuestra cultura española, quizá vinculada en primer lugar a la cultura general y a la vida política tan arrebatada como fueron nuestros cuarenta últimos años hasta la muerte del Caudillo. Pero siguió. Nadie planteó nunca una ruptura con las instituciones que decidían lo correcto de lo insólito. La mediocridad de una época lo empañó todo, hasta tal punto que los fantasmas dominaron el territorio.
Si echan una mirada atrás se darán cuenta de que lo mejor de nuestra literatura siempre fue anómala, desde la picaresca a Cervantes, pero eso no explica nada, sencillamente es una seña de identidad. Pero estamos hablando del siglo XX y los primeros años del siguiente. Nada similar a los años sesenta del pasado siglo, donde aún todo parecía posible.
En la cultura no hay agujeros. Hay épocas mejores y otras deleznables, pero siempre están pobladas de mesnadas de escritores, artistas, trepadores, gentes que se consideran la representación esmerada de su tiempo. El espacio siempre está lleno de basura, o de talento, porque la tradición académica de los pueblos antiguos exige beneficios en forma de pagos, funcionariados, academias…
Seguí a Juan Goytisolo en sus anómalos libros: Señas de identidad (1966), La reivindicación del conde don Julián (1970), Juan sin Tierra (1975), prohibidos en España y que leíamos en ediciones mexicanas. ¡Habría que hacer un vademécum de la literatura hispana deudora de los editores (españoles en el exilio) que sirvieron para desasnarnos!
Le conocí tardíamente por sus llamadas en domingo a propósito de las sabatinas en La Vanguardia. Un día me propuso presentarle un libro en Barcelona –Telón de boca (2003)– y me sentí honradísimo. Luego me invitó a cenar, cosa nada fácil en un hombre que medía tanto sus silencios. Su sentido del humor y su carácter, no exento de gracia. Su relato del encuentro de Camilo José Cela y Jean-Paul Sartre me aportó un ángulo que no conocía. El sarcasmo de Juan Goytisolo. ¡Que un tipo solicite una entrevista con Sartre para que le firme una botella de coñac Fundador! Es una herencia de Valle-Inclán.
Tuvo el valor de escribir un artículo elogioso sobre El cura y los mandarines, el único que apareció en El País, y me avisó antes de hacerlo y le advertí de los riesgos que para él iba a tener un libro que el periódico había decidido que no existiera. Y lo hizo, “Del oportunismo como una de las bellas artes” (2015); muchos, casi todos, no hubieran osado. No obstante, no se escapó de una observación privada que cada vez que la recuerdo me hace sonreír: “Tu libro es muy bueno y muy necesario. Sólo hay una cosa que yo corregiría. Cuando te refieres a Jesús Aguirre, el cura y duque de Aguirre, le apodas en dos ocasiones ‘maricón’. La primera vez está bien y es correcta, pero yo creo que la segunda es innecesaria”.
Me solía llamar cuando venía a Barcelona para tomar un café, cosa que nunca hicimos, siempre nos limitamos a hablar durante hora y media sin nada de por medio. En una de esas ocasiones aproveché para preguntarle qué le había encontrado al libro de Joan Sales, Incierta gloria, que logró colocar en la editorial francesa Gallimard. “A mí me parece una variante de José María Gironella –le dije–. No tiene la más mínima altura literaria”.
Me respondió que no lo había leído pero que sus amigos catalanistas de entonces –pienso en Castellet– le insistieron tanto que él lo puso a disposición de los editores franceses. Me alivió, porque siempre le había considerado un lector agudo, pero no un paranoico defensor de prosistas mediocres, parafacistas y ultracatólicos.
Pero todo esto es superficie. Lo profundo no es que abandone París, donde vive con Monique Lange, la mujer inteligente y sensible que lo entiende todo, incluso que deje la capital del mundo, incluso a ella misma y se traslade a Marrakech, ese mundo árabe que entonces llamaba la atención y que ahora se ha convertido en una de las sociedades abominadas por Occidente. Era lo último que le quedaba a esta anomalía literaria, después de construir otra historia de España desde la llegada de los árabes, más cultos que los bárbaros visigodos de cristianismo inquisitorial y represivo.
Lo que faltaba. La anomalía Goytisolo revisa nuestra historia antigua con esa cierta ingenuidad que demostró Américo Castro de las religiones pacíficas. No hay religiones monoteístas pacíficas y fue necesario llegar al siglo XXI para confirmar que las sociedades se vuelven fanáticas, incluso criminales. Y ahí, en una casa de Marrakech vivió el hombre que en los años sesenta trató de aportar racionalidad a lo que luego se desmadró y le pilló en el medio. Sarajevo.
Toda la historia de Juan Goytisolo es un fracaso ideológico que algún día quizá se demuestre luminoso, pero falta mucho para eso. Lo único que tenía claro, y lo entiendo, es que no quería ser enterrado en España. Sus días finales son patéticos. Huir de España para morir fuera de los suyos. Lo entiendo cuando miro la bandera que me han designado, el himno que me impusieron, las instituciones con las que me castigaron. Pero confieso que hay una diferencia, entre muchas otras, entre él y yo. Yo no buscaré un lugar para que me entierren que sea laico en una sociedad de fanatismo religioso. Ir a que te entierren en Larache –único cementerio civil de Marruecos–, donde iba a caer la Legión Española, me produciría unas ganas de llorar, por tanta derrota, que acabaría en Gibraltar, junto a los monos.
Fuente:


El Oficio del Poeta
de Juan Goytisolo


Contemplar las palabras
sobre el papel escritas,
medirlas, sopesar
su cuerpo en el conjunto
del poema, y después,
igual que un artesano,
separarse a mirar
cómo la luz emerge
de la sutil textura.

Así es el viejo oficio
del poeta, que comienza
en la idea, en el soplo
sobre el polvo infinito
de la memoria, sobre
la experiencia vivida,
la historia, los deseos,
las pasiones del hombre.

La materia del canto
nos lo ha ofrecido el pueblo
con su voz. Devolvamos
las palabras reunidas
a su auténtico dueño.