EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

sábado, 21 de octubre de 2017

Luego de dos años y a poco de comenzar a bocetar un camino alfabetizador y crítico, el PJ de Coronel Dorrego decidió regresar por sus oscuros fueros 2007/2013, analfabetizándose del kirchnerismo y su transversalidad...





Coronel Dorrego. En las vísperas de una derrota anunciada hace dos años


El Kirchnerismo fue y es inclusivo, es abierto, es debate y discusión, es vértigo y poesía, es camino y avenida, por eso entender el comportamiento del PJ local, candidatos y autoridades, apropiándose del sello Unidad Ciudadana y literalmente dinamitando la militancia y la fe de muchos compañeros leales solo es admisible bajo la ausencia de sus paradigmas. Los cuadros que toman las decisiones políticas han colocado sobre la mesa un oxímoron político, anacronismo que les va a costar enorme trabajo revertir. Volvieron al pasado con la prisa y la necesidad que los sectores más reaccionarios reclamaban. Luego de dos años y a poco de comenzar a bocetar un camino alfabetizador y crítico decidieron regresar por sus oscuros fueros 2007/2013, analfabetizándose del kirchnerismo y su transversalidad...

No tengo dudas al respecto. Unidad Ciudadana local deberá replantarse sus conductas y entender que la mejor manera de responderle a las bases castigadas del pueblo profundo es sumando, tendiendo la mesa, agrandándola, construyendo sin mandatos superiores, sin órdenes, sin vulgaridades fascistas, asumiendo que existen matices que nos acercan, desechando todo eufemismo individual y egoísta.

En muchos distritos de la provincia Unidad Ciudadana comprendió que tal cosa no sólo es posible, sino políticamente necesaria; no para crear un frente opositor de tono coyunturalmente electoralista que impida gobernar, sino para conformar un ideario que incluya una propuesta superadora de la que hoy estamos viviendo en Coronel Dorrego.


Hay purezas que para nada purifican un espacio, sino que suelen contaminarlo con sectarismo y exclusión, algunos de los fotografiados en campaña pueden da fe del éxito de su tarea prejuiciosa.

Hace algunos meses atrás decíamos:




El resultado electoral será contundente. Cambiemos representa fielmente a casi la mitad de nuestra población. Eso no quiere decir que dicho proyecto sea inexpugnable electoralmente y menos aún que sea insuperable políticamente. De hecho presenta flancos altamente criticables desde la ética, la política y la gestión, flancos percibidos por ese otro 50% que también existe (incluso el casi 9% de sufragantes en blanco). Tampoco hay que entrar en la lógica Radical, asumiendo que determinadas banderas hay que arrearlas porque “Dorrego es así”. De ningún modo.

En política existen zancadillas que se toleran, sobre todo las que suelen practicarse entre las cúpulas partidarias, pero cuando se traicionan a las bases, cuando se ocultan los retratos de nuestros líderes, de aquellas personas que amamos, de ahí no se retorna. Y no hablo de cargos, hablo del respeto a la acción política, individual y colectiva, a favor de paradigmas que superan las mismas ambiciones terrenales. Hacer la historia, trabajar para que sea, no sólo contemplarla...

Hace más de dos años, en la nota Fin de Ciclo, algún atisbo se podía observar, y creo que no me equivoqué:





Para encontrarle un nuevo sinónimo a la mentira y entonces nació la “posverdad”... Por Hugo Presman, para La Tecl@ Eñe









Fuente:



La Posverdad

Por Hugo Presman, para La Tecl@ Eñe


La imagen incorporada a la memoria colectiva es José López revoleando unos bolsos por sobre el paredón de un presunto convento. Y sin embargo nunca fue real esa escena. La verdadera es un señor con un arma y bolsos que arrima uno de ellos a la puerta de la misteriosa institución presuntamente religiosa y alguien de adentro entra uno de los bolsos.  Nunca nadie arrojó bolsos, ni los revoleó.

Prácticamente, todos los que se refieren a este hecho hablan de un funcionario revoleando bolsos.

Luego se informó que eran tres y que había nueve millones y medio de dólares en ellos.

La escena verdadera no cambia el bochorno de lo alojado en la memoria colectiva, pasada centenares de veces por la cadena privada de televisión. Pero revela cómo una imagen falsa puede superponerse sobre la real que se repitió hasta el agotamiento.

El neologismo “posverdad” alude a la enorme distancia, que tiende a ampliarse, entre los hechos reales y las formas en que se los trasmite, y que esos se alinean con la emoción y las creencias personales de quienes los reciben.

Una nota de La Nación remite al origen de la expresión: “En inglés, el término "post-truth" se empleó por primera vez en 1992 y lo hizo el dramaturgo serbio-estadounidense Steve Tesich, en un artículo publicado en la revista The Nation. En el artículo, Tesich decía: "Lamento que nosotros, como pueblo libre, hayamos decidido libremente vivir en un mundo en donde reina la posverdad". Tesich reflexionaba en ese texto sobre el escándalo Irán-Contra y la guerra del Golfo Pérsico. Y usó "posverdad" de la misma manera en que se lo usa hoy.”
Desde otro ángulo puede decirse que la “posverdad” implica que la opinión, o la percepción que se tenga, valen más que los hechos.

El antiperonismo que hoy reverdece como si desde 1955 no hubieran pasado 62 años, impúdica y falazmente afirma que el peronismo ha gobernado en los últimos 70 años. Uno de los oídos y ojos del presidente, el financista y mentor de la cadena de farmacias Farmacity, Mario Quintana ha afirmado: “Llevamos 70 años cantando una marchita y nos salió bien, porque hemos combatido el capital".

Ensayistas pedestres y cuya profundidad ni siquiera alcanza a la superficie de lo analizado, consideran parafraseando a un personaje de Mario Vargas Llosa en “Conversación en la Catedral” que se preguntaba “¿cuándo se jodió el Perú?”, cambian Perú por Argentina, y entonces los Fernandos Iglesias responden: cuando nació el peronismo.

Esa es una posverdad, es decir una clara mentira.

Thomas Piketty en “El capital en el siglo XXI” sostiene que la tasa de retorno del capital supera la tasa del crecimiento del ingreso”. Esto significa que hay una desigualdad creciente. Efectivamente, a mediados del siglo XIX los más ricos de la región pampeana tenían ingresos hasta 68 veces más altos que los ingresos de los más pobres. Según José Gelman y Daniel Santilli en su libro “Salarios y precios de los factores en Buenos Aires 1770-1880” para 1910, la brecha era de varias veces mayor.

Los momentos de mayor concentración de la riqueza en manos del 1% de la población coinciden no con gobiernos populistas, sino con gobiernos dictatoriales o políticas claramente pro empresariales que se traducen en una menor participación de los trabajadores en el PBI. Los dos momentos de mayor igualdad en torno a 1950 y 1974 están vinculados a períodos de gran movilización popular, a la aplicación de la heterodoxia política y al peronismo. Durante el kirchnerismo también hubo un mejoramiento significativo a partir de los niveles lamentables de la crisis del 2001. En ningún caso la mayor igualdad no fue obstáculo ni conspiró contra el crecimiento. Según el historiador Ezequiel Adamovsky, recientemente la mayor disminución de la desigualdad se verificó en la década posterior al 2002.

Aunque hoy parezca un sueño, la evolución del PBI per cápita era equiparable al de los países ricos consecuencia de la política distributiva del peronismo, situación que se revierte a partir de finales de mediados de 1975, cuando se produce una nueva aplicación de políticas neoliberales.     


¿Cuántos años gobernó el Peronismo desde 1946?


En estos 71 años hubo largos períodos en que mencionar a los referentes del peronismo estuvo prohibido y cantar “la marchita” podía llevar al calabozo a quien se atreviera.

El peronismo tiene 72 años, pero es una posverdad que haya gobernado bajo la caracterización de gobiernos populistas setenta y un años; es decir, una flagrante mentira. Gobernó desde mayo de 1946 a septiembre de 1955. Nueve años.

Hagamos algunas cuentas: el peronismo fue derrotado el 16 de septiembre de 1955.

Gobernó, y en la cuenta se incluyen como peronismo algunas versiones desvirtuadas como el menemismo: desde el 25 de mayo de 1973 al 24 de marzo de 1976 o sea alrededor de 2 años y dos meses. Luego gobernó 10 años con Menem, dos con Duhalde y 12 con el kirchnerismo. En total 35 años y 10 meses, 36 años sobre un total de alrededor de 71 años o sea un 51 %. Ese porcentaje se lo engloba bajo la generalización de populismo. Pero si excluimos los 10 años de menemismo que fue un gobierno neoliberal y no un gobierno populista, alcanza tan solo a un 36 % por los gobiernos de esa caracterización (Perón – Cámpora – Perón – Isabel - Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Fernández).

El radicalismo gobernó tres años de Illia, los dos de la Alianza y los 6 de Alfonsín en total 11 años, o sea un 16%. Los desarrollistas con Frondizi, cuatro años o sea un 6%.

Los militares los 3 años de la Revolución Fusiladora, los 7 de la autodenominada Revolución Argentina y los 7 años de la dictadura que decidió llamarse “Proceso de Reorganización Nacional”, en total 17 años o sea un 24%. El macrismo lleva casi dos años o sea un 2%. El gobierno de Jose María Guido, que sucedió a Frondizi ejerció la presidencia del 29 de marzo de 1962 al 11 de octubre de 1963, durante 20 meses lo que implica sobre el período considerado un 1% adicional.

La posverdad falsifica los datos y convierte un deseo en una verdad, eso a lo que siempre se denominó simplemente mentira. 

Una posverdad que ha realizado un largo y exitoso recorrido es “se robaron todo” o “se robaron un PBI” o reducir 12 años de gobierno a un capítulo del Código Penal bajo la posverdad “una asociación ilícita se apoderó del gobierno”. Medidas muy positivas como la estatización de los fondos de pensión subestimada bajo la posverdad “un manotazo al dinero de los jubilados” o la estatización del 51% de YPF, con el pago de indemnización, calificada con la posverdad confiscación.

El antropólogo Alejandro Grimson en una nota publicada en la revista Anfibia, tiene un punto de vista al respecto con algunas diferencias. Escribió: “Vivimos una época bautizada con un nombre falso, con una identidad apropiada. Nos han dicho que esto es “la posverdad”. Como si alguna vez, en el pasado, hubiéramos vivido una época atenta a los hechos. Como si la guerra de interpretaciones no estuviera tristemente inscripta en la forma en que fue fundada la Argentina. ¿Acaso la barbarie era un hecho? ¿Acaso lo era la proclamada civilización? No importaron los hechos en el 45, en el 55, en el 76, en el 82. La “información” no era información. El periodismo de guerra no nació en estas tierras en el siglo XXI.” Grimson acierta cuando apunta que siempre las interpretaciones sesgaron los hechos, pero relativiza que posiblemente nunca como en la actualidad los deseos del intérprete se aleja de los hechos que interpreta. Si por la Copa Argentina River derrotó a Atlanta por 4 a 1, eso es información y posteriormente el análisis del partido puede llevar a un comentarista a sostener que el resultado debió ser distinto o en sentido contrario, es decir que Atlanta debió ganar 4 a 1. Eso, más allá de lo forzado  del análisis del periodista sobre el desarrollo del partido, es muy diferente a partir que el resultado fue de 4 a 1 a favor de Atlanta.   


La Posverdad


Cada tanto algún ensayista ingenioso acuña un concepto entre oscuro y rimbombante que le permite escribir largos y engorrosos trabajos; cuanto más crípticos más intentos de interpretación, mesas redondas y conferencias nacerán a su vera.

Desde la modernidad líquida del sociólogo polaco Zygmunt Bauman al significante vacío del filósofo argentino Ernesto Laclau, de los “no lugares” del antropólogo francés Marc Augé a "la teoría de la racionalidad limitada” del economista estadounidense Herbert Simon

A los legos nos resulta complicado poder desentrañar si estamos en presencia de una genialidad artística o de una tomadura de pelo consagrada por la crítica con los pergaminos de una obra maestra.  Conrado Nalé Roxlo, que hacía humorismo con el pseudónimo de Chamico,  revela, con una ironía implacable, cómo el snobismo puede ser una de las múltiples caras de la estupidez; se llama “La nueva escuela”: “Era un gran poeta que vivía en un huerto de laureles plantados por la admiración de sus contemporáneos. Tan tupida era aquella floresta de la gloria que el poeta no podía ver el espectáculo de la calle, que, por otra parte no existía, pues las autoridades desviaban el  tránsito para que los ruidos no lo molestaran en la contemplación de las nubes, que era cuanto necesitaba ver. El Baedecker de la ciudad decía que al pasar sobre su casa las nubes tomaban las formas más caprichosas y bellas, lo que atraía gran cantidad de turistas que veían o no el prodigio según el grado de sensibilidad.

Gozaba en vida de tanta gloria como si ya se hubiera muerto. El Instituto Gallup había calculado que por cada 154 sílabas imantadas por su inspiración (que son las que contienen un soneto decente) se escribían 473 páginas y media de crítica, toda elogiosa. Pero el gran poeta era muy distraído, posiblemente porque siempre estaba papando consonantes, y así cada salida le costaba un paraguas. Digo mal, no le costaba nada, pues el que lo encontraba, se apresuraba a guardarlo como reliquia y enviarle uno mejor. Él no se daba cuenta del cambio y agradecía la devolución con una esquelita. Pero dentro del perfecto régimen de distracciones en que se movía, la esquela se la mandaba a otra persona. Estos agradecimientos de contramano daban un cierto sabor de aventura, azar y misterio que sentaba muy bien a su poesía y permitió a los críticos, exégetas y psicólogos escribir páginas sutilísimas sobre el paragüismo. Einstein, que siempre tiene respuesta para todo, soltó una fórmula tan exacta y deslumbrante que se creó un instituto para interpretarla. Bernard Shaw, también consultado por una agencia internacional, se limitó a decir que el gran poeta era muy distraído, chiste que fue ampliamente celebrado.

Pero era más distraído que todo eso, pues con harta frecuencia se olvidaba de poner las correspondientes consonantes en las puntas de sus maravillosos versos. En esos casos el director del diario o revista que los recibía tomaba el teléfono y, con el respeto debido a su genio, le decía:

- Maestro, se ha olvidado usted de las consonantes.
- ¡ Qué cabeza la mía! exclamaba él, y le daba por teléfono cantidad de consonantes suficientes para que el poema saliera como Apolo manda. Y jamás cometió un error. Era un mimado de las musas
Pero un buen día, sin decir agua y jabón van, se metió en el asunto su lavandera, oficiando sin proponérselo de décima musa. Le dejó sobre la mesa donde se amontonaban sus borradores una cuenta de lavado y planchado. Llegó el poeta impresionante de inspiración y tan distraído como inspirado,  y firmando la cuenta la mandó a una revista literaria.

Al rato sonó el teléfono:
- Maestro, faltan las consonantes.
- ¡ Por Mnemósima, madre de la memoria! – exclamó el vate- ¿Cuántas consonantes faltan?
- Todas, y son tantas.
- Allá van.

Y allá fueron. El poema apareció con una ilustración onírica y surrealista, muy puesta en razón, y comenzaba así:
Siete camisas, amor
Dos calzoncillos, jardín,
Siete pañuelos, violín…..
Tres camisetas, ¡ dolor!

Los críticos se desencuadernaron escribiendo elogios. Treinta y siete academias pidieron para él el premio Nobel. Ciento de recitadoras tomaron apresuradamente trenes y aviones para difundir la buena nueva con los correspondientes ademanes. Se agotaron los catálogos de las tiendas, pues jóvenes poetas ansiosos de ponerse a tono buscaban prendas adecuadas para poetizar. Surgió, como no podía menos surgir, la polémica entre los partidarios de la lencería y los energúmenos de la bonetería. Terciaron, naturalmente, los eclécticos sosteniendo que eran compatibles la camiseta de doble frisa con la camiseta de seda natural. Los clasicistas abogaron tímidamente por la restauración del peplo. Al grito de ¡pasatistas! se ahogó su voz con una tricota.

En fin, fue un jaleo como el estreno de “Hernani”, pero adaptado al ritmo violento de nuestra época.

Cuando el poeta se enteró del escándalo, quiso aclarar el error, rectificar la cuenta del lavado para darle el bajo lugar que le correspondía, pero se habían acumulado ya tantos estudios, tantos argumentos, tantas conferencias, que no le habría bastado la vida para rebatirlos. Además, ¿cómo decir de verdad sin ofender a sus devotos y exaltados admiradores?

¡Imposible! Se resignó a ser el creador de una nueva escuela de la que no entendía una flauta de pan. Pero a fuerza de leer los argumentos de los teorizadores y los poemas de sus discípulos, la luz se hizo una vez más en su mente privilegiada, y un día se sentó a escribir, trémulo de emoción:
                                        
Un par de medias, destino……”    

Cuando Chamico escribió este cuento, recogido en una edición de Eudeba de 1965 en el libro “El ingenioso hidalgo”, no existía el concepto de la posverdad. Pero si el de mentira   que existe posiblemente desde la invención del lenguaje hace 600.000 años.

Se tardó entonces una cantidad de tiempo considerable para encontrarle un nuevo sinónimo a la mentira y entonces nació la “posverdad”.


jueves, 19 de octubre de 2017

Horacio González y Rodolfo Yansón, cuando la verdad vale menos que el orín de los perros. Dos excelentes artículos, textos para pensar “en voz alta” antes de votar... Para La Tecl@ Eñe


Ver aqui: Liberen a Milagro, texto Teresa Parodi.. 





Preguntas sobre un rostro


Por Horacio González, para La Tecl@ Eñe



Fuente:


Nos cansamos de hacer preguntas por cualquier cosa, porque todos han aprendido que puede omitirse la respuesta. Hay respuestas que nunca se darán, por la banalidad a la que tendríamos que recurrir o por lo innecesario que parecería una respuesta que equivaldría a masticar pasto en nuestras bocas resecas. Sería mejor concederle al olvido o a un pequeño resoplido resignado, el barrido de esa hoja disecada. Hay preguntas que son hojas embalsamadas. Las empleamos para sentirnos vivos, atentos o amparados ante la discontinuidad de las cosas. Creemos que una pregunta que se vapora enseguida en el aire sostiene la persistencia de un mundo. ¿Y? Por ejemplo ese: ¿y? Magnífica espera ante una sorpresa que no se esclarecerá nunca, desafío a que se nos diga algo mejor de lo que somos, pero nada viene a nosotros para consolarnos o darnos mejores alientos que los que creíamos poseer.
        
¡Cuántas cosas decimos con esa pregunta! Es la que menos respuestas ha tenido a lo largo de la historia; es porque ella está ahí para ser la conjunción, la que anude un eslabón a otro y nos ponga en confianza el mundo ante nuestros ojos. Como una función de continuidad, un apartarse del abismo o de la nada.
        
La pregunta sobre Santiago Maldonado hecha por milagro Sala a la Gendarmería, custodios en su domicilio de detención, cobra un significado especial. Es una pregunta a los que se le debe hacer, porque da en el blanco y por eso es el lugar dónde menos puede ser respondida, y es una pregunta hecha por quien a la vez hacemos preguntas. ¿Qué quieren hacer con Milagro Sala? Ella hace la  pregunta y por el hecho de que se la hace a los que pueden responderla, hacen de ese poder un silencio amenazante. Ahora, si preguntaos porque Milagro Sala fue nuevamente devuelta al penal de Alto Comedero. Rara inflexión de palabras, la primera designa lo ilustre, “alto”, la segunda, lo bajo”, a poco que se explore esa dos sílabas finales, “dero”, con las que se alude a lugares que se definen con desdén. A no ser que un movimiento social, hecho por los desdeñados, de vuelta lo significados.

Entonces… ¿por qué la ponen nuevamente presa? Su abogada, que ha tenido una diestra actuación ante todo este teatro de la bestialidad, dice que la quieren matar. Así como la pregunta que flota sin sostén hasta diluirse en el olvido –la humanidad es la historia de todas esas preguntas, del material de desecho que proviene del acto de preguntar sin que uno mismo espere las palabras que se tornen respuesta-, así también una afirmación de esta terminante significación, agrega un sello definitivo a un largo camino de hecho en que la exclamación final no necesariamente aparece. “La quieren matar”. Pero hubo tantos capítulos antes… Eso no se notaba. Y aún ahora, todo lo hacen con un recosido de pretextos al que llaman ley.
¿Cómo la justicia va a querer matar a alguien? En principio, el espíritu que sabe de la trágica aspereza del mundo, no suelta fácil esa concepción, no la atribuye fácil siquiera a los poderes más innobles. No sin razón, porque podríamos siempre pensar que no es fácil matar, que no se desea matar, que la conciencia de los hombres en general, no abriga el propósito de dar muerte a un semejante. Pero puesto que lo hace, podemos imaginar que poco a poco se va configurando un recóndito deseo, que aletea como la muerte, pero que habla con dictámenes que invocan fundamentos, acumula fojas con razonamientos jurídicos y resume toda su acción en emplear una fórmula judicial revestida de un saber acumulado en torno a la protección de la vida humana. ¿Podemos descartar que proteger sea una cubierta, como antes el papel araña recubría los libros de iniciación, para querer decir otra cosa?

Hay un infinito mundo de cautelares, palara célebre del idioma tribunalicio. A veces son hipócritas, a veces salvan vidas. “Lo hacemos para proteger su vida”, dice. “No quiere sacarse una radiografía, no quiere beber un expectorante, no quiere que le tomen la presión”. Esa indisciplina, que bajo esta mera descripción parece manicomial, es empleada para decir que ponen bajo prisión a una persona que proclama la libertad última de su cuerpo –no quiero que me den esta pastilla-, en un estado  de rebeldía frente al lenguaje carcelario y sus ramificaciones.

No pocas veces la lengua médica y judicial son derivas de ese rango penitenciario. Tomar una medida de profunda atrocidad y justificarla por el bien de la persona a la que se le inflige esa insólita fiereza, es la parte arcaica de un razonamiento policial. Actuamos contra usted para protegerla. Incluso la dañaremos mucho, pero lo haremos en su resguardo.

Por eso, hay un fino hilo de muerte en el destino jurídico que le van trazando a Milagro Sala, entre devolverla a prisión para que se saque una radiografía, y el acto de enlazar una infame medida judicial-policial con un pretexto de cuidado médico. ¿No es un destino de muerte este juego entre la reclusión, la declaración judicial de locura y el empalme entre el parte médico salido de un recetario con firma y el trayecto de un coche sin patente?  
Algo que enlaza la forma de arbitrariedad sin límites que adquiere lo que se sigue llamando justicia y la conciencia de lo que no tiene identificación, nombre o justificativo alguno, la señal clandestina que nos comunica enseguida con el pensamiento del Juez que dio  la nueva orden de encarcelar. Pasos lentos hacia la muerte, escalones sutiles que se atraviesan entre reglamentos y silenciosas complicidades, calvario de la mujer que los ha desafiado en cuanto a posesión de prendas y títulos que autorizan el habla. ¡Usted no tiene más tiras que yo, que soy parlamentaria del Parla Sur! Esta frase es extraída de un tiempo carcelario ya largo. Contrapone una lengua conocida –el tira, las tiras como indicación rústica de un poder-, y la institución emanada del voto popular que consagra a Milagro Sala dentro de otro ámbito, el parlamentario. Ámbito que deberá mostrar también su destreza para tratar estos temas que hacen la estructura fallada de la justicia en nuestros países.

¿Tiene “tiras” el que tiene ese poder? Sí y no. En la respuesta de Milagro Sala relucen añejas enseñanzas de lucha, resistencias ancestrales a los dominadores con casco de hierro, peinados a la cachetada o con toga escarlata. En paralelo a la resistencia política –el origen específico del ser democrático-, la que se percibe en corrientes sociales que se van acercando, se miden, se palpan, se unen, se desvanecen y vuelven a incorporarse, se muestra el rostro de Milagro Sala. Acude a ese mismo procedimiento. La hacen caer y se levanta, le hace sentir el hedor de la muerte y ella se levanta para responderles con el mismo idioma de ellos, la forma brusca del poder, que sin embargo hace sonar la palabra democrática en su máxima capacidad de memoria, ante unos badulaques de un juzgado que se mueven como espantajos que un día se posa a orillas del río Chubut y otro día se escuda en un parte médico para mover su maquinaria de furor ciego, pero meticuloso.  




Sala, Gils Carbó y Maldonado


Por Rodolfo Yanzón para La Tecl@ Eñe


Fuente:



Santiago Maldonado está en Chile con el RIM, dijo Elisa Carrió, probablemente sabiendo que una parte de su electorado lo cree, quiere creerlo, para aventar la posibilidad de que Mauricio Macri haya decidido desaparecerlo (Macri no lo desapareció, está claro; pero su gobierno -sobre todo la Ministra de Seguridad Patricia Bullrich y el Secretario de DDHH Claudio Avruj- ha hecho todo para ocultar información y obstaculizar la investigación). El pensamiento binario, una cosa o la otra. No pueden, no quieren ver más allá. Reavivan los ataques contra familiares y testigos -el último protagonizado por la misma Gendarmería, que decidió, con la venia oficial, presentar una querella por una supuesta lesión con piedras a un gendarme el 1° de agosto-. Lo que comenzó como un tema policial, terminó transformándose -por impericia, amateurismo y menosprecio a los DDHH- en un grave problema político de alcance internacional. Pero si se llega al 22 de octubre con un buen caudal de votos y la oposición dispersa, nada importa.
           
Milagro Sala fue arrancada de su arresto domiciliario para ser enviada nuevamente a la cárcel, con la aviesa decisión de ocultarlo a su defensa y por cuestiones que sólo reflejan un marcado mal trato, agravando su situación de manera arbitraria y conculcando sus derechos más elementales. A días de las elecciones, no importa lo que opine o dictamine la Comisión Interamericana de DDHH. Mejor pensar en que parte del electorado jujeño -y de otras regiones- aplaude la maniobra.
           
Alejandra Gils Carbó fue procesada por el juez Julián Ercolini por una supuesta administración fraudulenta, por un hecho por el que no existió perjuicio para el Estado. Una decisión que se venía anunciando por el grupo Clarín y el diario La Nación. Por esas casualidades -que no son tan casuales- pude ver con mis propios ojos al Fiscal que pidió el procesamiento, Eduardo Taiano, y al Fiscal de Cámara, Germán Moldes, uno de los enemigos de Gils Carbó en Comodoro Py, saliendo del despacho del juez, durante los minutos en que Ercolini estaba concluyendo su pieza jurídica, de la que no tiene regreso, por la que rifa el prestigio académico que alguna vez tuvo, con el beneplácito del gobierno y de Clarín, que vivaron una maniobra cuyo único objetivo -reconocido públicamente y sin tapujos- es el de embestir nuevamente contra la Procuradora General de la Nación para lograr su desplazamiento. En esa senda y en claro mensaje al estilo mafioso, Clarín y Ricardo Roa publicaron los números telefónicos de la Procuradora y su hija. Sed de venganza por dictaminar contra el monopolio mediático, por acercar la Procuración a sectores sociales postergados, por comprometer a la institución en los juicios de lesa humanidad; pero también afán de disciplinar a la Procuración para ponerla al servicio de los intereses del gobierno y que se encolumne detrás de las ideas que surcaron el último encuentro de empresarios en Mar del Plata, en el que tanto aplaudieron al hijo de Franco, uno de los suyos. En ese marco, personajes como el Fiscal Ricardo Sanz -que dictaminó contra los juicios por crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura y es uno de los fiscales con mejores vínculos con el oficialismo- se peina por si lo llaman a ocupar el cargo.
           
Al macrismo -y al radicalismo cómplice- no le importa la institucionalidad, ni la democracia, ni el Estado de Derecho; muchos menos los DDHH. Sus lazos internacionales mas estrechos los forjó con dirigentes como el español Mariano Rajoy -promotor de una reforma laboral contra los asalariados y una ley mordaza para silenciar opositores, además de pensar sólo en represión cuando de conflictos políticos se trata-, y el israelí Benjamín Netanyahu -a quien recibieron con los brazos abiertos para aclamar estar juntos en la “lucha contra el terrorismo” y de quien recibe colaboración para entrenar a fuerzas de seguridad y obtener armamento-, o el gobierno de Estados Unidos -que se excluyó de la UNESCO junto a Israel por entender que su política hacia Palestina significaba discriminar a Israel- y con quien el macrismo comparte su visión contra los migrantes-. Por otro lado, sus lazos a nivel interno los cultiva con exclusividad de la mano de los grandes grupos mediáticos y económicos y organizaciones que los representan como el colegio de abogados de la calle Montevideo -con el que, además, acordó en una demanda judicial que la Procuradora podía ser desplazada por simple decreto-. Como contrapartida, trabajadores, sindicatos, jueces y abogados laboralistas son puestos en el listado de mafiosos a los que hay que combatir, del mismo modo que al narcotráfico.

La complicidad de grandes grupos mediáticos no parece suficiente, ya que el oficialismo busca acallar a quienes lo denuncian, como sucede con Página 12 y el periodista Horacio Verbitsky, que reveló el blanqueo de capital que hiciera la familia presidencial. Para ello agregó a su lista de mafiosos al dirigente del sindicato SUTERH, Víctor Santa María, dueño del diario, a quien insistentemente denuncian a través de los medios afines. A ese accionar deben agregarse los juicios de funcionarios contra opositores políticos, como el de Germán Garavano al diputado Rodolfo Tailhade, y la inapropiada utilización del Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI) para iniciar acciones contra el Gobernador de Santa Fe, Antonio Bonfatti, por haber dicho que los pueblos se equivocaron al votar a Hitler tanto como a Macri. En un acto por demás digno de la DAIA y Netanyahu, Avruj anunció que el INADI actuaría de oficio por comparar a Hitler con Macri. Mas allá de que Bonfatti no hizo semejante comparación, la utilización de las instituciones para perseguir -e, incluso, reprimir- a opositores por lo que éstos dicen, es una actitud por demás autoritaria. En ésto, Avruj se parece a los sectores que insisten en calificar de antisemitas a todos los que denuncian los crímenes de Israel contra Palestina. La DAIA -organización a la que Avruj ha pertenecido y que ha puesto a varios de sus miembros en altos cargos de la Secretaría de DDHH de la Nación- ha requerido en varias oportunidades la utilizacón de la ley antidiscriminatoria para denunciar por antisemitismo a quienes se manifestaran contra los crímenes de Israel contra el pueblo palestino. La DAIA, cabe recordar, es una de las impulsoras de la denuncia penal por el acuerdo con Irán, resucitada a partir de los favores de algunos actores judiciales y, sobre todo, a través de su Vicepresidente, Waldo Wolff -diputado de Cambiemos-, para quien el kirchnerismo estuvo detrás de la muerte del fiscal Nisman. Todo vale con tal de silenciar y desprestigiar al oponente, mientras la verdad vale menos que el orín de los perros. 

miércoles, 18 de octubre de 2017

CUS.. (Cobertura universal de salud) Una entelequia sin presupuesto ni financiamiento, un ariete para destruir la salud pública...


Argentina: La cobertura universal de salud

Jorge Yabkowski Secretario de Salud Laboral de la CTA. Presidente de la Federación Sindical de Profesionales de la Salud de la República Argentina, para Revista Sin Permiso



Fuente



Del discurso a la realidad

La CUS (Cobertura Universal de Salud) es una estrategia de seguro de pobres y canasta básica impulsada por el Banco Mundial (BM), como alternativa a los fracasados planes focales de los 90. Su objetivo central (según declara) es evitar que las familias caigan en la miseria por los gastos de salud. Dice el BM que 250.000 personas por día en el mundo entran en la pobreza o la indigencia por afrontar gastos en la atención sanitaria.
Argentina adhirió a la CUS durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, votándola positivamente en la OMS en 2005 y en la Asamblea de Naciones Unidas en 2012. El gobierno de Mauricio Macri la impulsa como política pública a partir del decreto 908 /2016.
¿Cuáles son los resultados en los países donde se aplica? La OMS en su página dedicada a la financiación de la salud, compara el gasto privado y de bolsillo de 147 naciones entre 2003 y 2014. Allí puede verse que en la mayoría de las que adoptaron la estrategia de los seguros focalizados(CUS), el gasto privado y el de bolsillo en lugar de disminuir se disparó. Perú tiene hoy un 40% de gasto privado. El 73% del mismo corresponde al gasto de bolsillo de las familias. México, donde se aplica el llamado “Seguro Popular” tiene un 50% de gasto privado, el 92% de bolsillo. En Colombia la CUS se aplica desde el año 2000 a través de la ley 100. Allí entre 2003 y 2014 el gasto privado y de bolsillo creció un 35%. Además, cerraron 20 hospitales públicos que no pudieron competir con el sector privado a la hora de captar asegurados. En las antípodas los países con sistemas universales financiados por rentas generales tienen un gasto privado bajo. En Japón e Inglaterra, por ejemplo, es del 16%

La Argentina

El INDEC, a raíz de la intervención durante el gobierno anterior, ha dejado huellas que se expresan en la disparidad de apreciaciones sobre el porcentaje del PBI que gasta la Argentina en salud. 
(N de la R: Concepto muy discutible, y más si tomamos como referencia los fallos de judiciales que aprobaron los modos y las formas de la anterior gestión en el Indec)
La OMS habla de un 5,9%, el Banco Mundial de un 7% y los funcionarios nacionales de un 9 al 10%. Analicemos al parámetro que mejor expresa la eficiencia real del sistema. Los funcionarios del Ministerio de Salud hablan de un 30% de gasto privado, casi un 3% del PBI. La OMS lo sube al 45%, pero sobre un porcentaje del 6%. Es decir, un 2,5% del PBI. En ambos casos el 83% de ese gasto proviene del bolsillo de las familias. Según los funcionarios del Ministerio de Salud el objetivo de la CUS es disminuir el gasto de bolsillo, que afecta en mayor proporción a los sectores más pobres. ¿Pero cómo lograrlo sin poner un peso para mejorar y ampliar los servicios públicos gratuitos de salud?
Ese es el misterio que la CUS no puede develar
En la mesa organizada por el DASEF el 6 de octubre en la Facultad de Medicina de la UBA, participamos como FESPROSA junto al Viceministro de Salud de la Nación, Dr. Adolfo Rubinstein. Comenzamos diciendo que una reforma sustancial del sistema de salud no puede ser implantada por un Decreto de necesidad y urgencia (DNU 908/2016), eludiendo el debate social y parlamentario. Mostramos que los famosos 8000 millones para la CUS siguen desde hace 14 meses inmovilizados en el Banco Nación. A la hora de la implementación efectiva el viceministro dijo que la CUS tendrá como base la ampliación del Plan SUMAR. Sin embargo, el presupuesto nacional 2018 prevé solo 2200 millones para este programa. El mismo no cubre a los 15.5 millones que presuntamente abarcará la CUS. Según el presupuesto el SUMAR alcanza a solo un tercio de ese universo, 4.7 millones de personas. A la sazón 40 pesos por mes por beneficiario. ¿Alguien puede pensar que un plan integral de garantías explicitas de atención se puede financiar con este dinero?
Dijimos también que no tocar el anárquico y oneroso sistema de Obras Sociales es llevar al fracaso a cualquier reforma progresiva. En ese sentido criticamos la alianza gobierno -CGT para el manejo de las políticas públicas de salud. Planteamos también que el ministro Lemus no quiso recibirnos ni para debatir la CUS ni las condiciones de trabajo de los 350.000 agentes que sostienen, en 1600 hospitales y 6000 unidades sanitarias, los 125 millones de prestaciones anuales que realiza el sistema público. Señalamos la precarización laboral y los bajos salarios del plan CUS-comunitarios, presunta base de la atención “personalizada y continua “en la CUS. Dijimos que sin trabajo decente, sueldos acordes, carrera sanitaria nacional y medidas de fomento para la radicación en zonas desfavorables la atención” personalizada y continua” era una ilusión irrealizable. Entre otros puntos propusimos bajar el gasto de bolsillo de las familias entregando gratuitamente los medicamentos esenciales, entre ellos el misoprostol, fabricados por la producción pública. En definitiva, dijimos: no al seguro, sí al sistema fortalecido desde una perspectiva de derechos
Para nuestra sorpresa el viceministro del gobierno de Cambiemos, ante 350 personas, la mayoría jóvenes estudiantes y graduados de ciencias médicas, afirmó lo siguiente:

1) La CUS no es un seguro y menos un seguro de pobres. Es solo una estrategia de fortalecimiento del sector público
2) No habrá carné. Solo DNI
3) No habrá canasta de prestaciones
4) La base de su desarrollo será el SUMAR
5) Los 8000 millones del fideicomiso no son la financiación de la CUS sino solo un apoyo para organizarla
6) La Nación no tiene presupuesto propio más que para apoyar algunas acciones. Los recursos, entonces, deberán salir de las provincias y los municipios. No se le quitará a los hospitales y centros de salud su presupuesto histórico.
7) El eje de la CUS será la historia clínica electrónica y los turnos personalizados. (sic)
8) En esta etapa no se meterán con las Obras Sociales. Es un problema político complejo.
La primera conclusión es que, por ahora, la CUS no tiene financiación ni nacional, ni provincial ni municipal para implementarse como seguro. Por lo tanto, al menos por el momento, sería solo una “estrategia” basada en la nominalización de la población a cargo y la historia clínica digital unificada. Desaparecida la ilusión de hacerse de fondos adicionales los gobiernos provinciales empiezan a mirar a la CUS con recelo. El de Santa Fe ya se pronunció en contra y reafirmó la defensa de su sistema de atención pública.
Las políticas para “empaquetar” al sector informal en un seguro de pobres ya lleva varios fracasos desde los años 90 a esta parte. Sin embargo, el Banco Mundial y la Fundación Rockefeller, apoyados ahora por la filantropía de Bill y Melina Gates, no se rinden. Para desembarcar en la Argentina tienen que meter el cuchillo en los establecimientos públicos y paralizar la resistencia de los trabajadores, convenciendo a su vez a los de usuarios de que la CUS es el camino al paraíso sanitario. Y, por ahora, sin poner plata.
La conclusión es que lejos de ser inevitable la CUS, por el momento, está solo en los papeles y en el discurso de los funcionarios.
La batalla de fondo recién comienza.