EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

miércoles, 13 de diciembre de 2017

El Manual de Pavlov.. La alianza ideológica del gobierno con los sectores medios se acomoda a fuerza de domesticación por carencia.





Por febrero del 2016 afirmábamos que si este gobierno neoliberal lograba consolidar con el tiempo una alianza de intereses económicos con los amplios sectores medios que construyó el kirchnerismo en sus 12 años de gobierno sospecho que tendremos derecha para rato, y no habrá memoria ni conciencia que la pueda limitar.
Nunca como ahora, luego del éxito electoral, hemos visto con marcada encarnadura su praxis ejecutiva sin intermediarios, esa fantasmal alianza compacta de un poder real sin fisuras prescindiendo de la política, sus protagonistas y sus herramientas. Esta extrema profundización que hace el gobierno de la praxis neoliberal está reafirmando sus indicios excluyentes, esquema que curiosamente los sectores medios aprueban a pesar de sus conocidas contraindicaciones: Devaluación intempestiva, espiral inflacionaria, quita de subsidios, despidos, techo paritario, inseguridad laboral a cuenta de la venidera flexibilización, horizonte recesivo, reducción de las prestaciones estatales, transferencia de recursos a favor de los sectores concentrados de la economía, amesetamiento previsional, dolarización del precio de los servicios, una batería de medidas que implican establecer un supuesto orden económico, sofisma gravado a fuerza de mass media, a favor de que los número cierren. Por lo visto una muy buena parte de nuestra sociedad no está interesada, en el marco de la coyuntura, que dicho concepto contenga, incluya, y menos que mantenga dentro de su lógica el amparo democrático y el correspondiente reaseguro republicano, me refiero puntualmente a los incisos justicia y DD.HH. Estos amplios sectores se han subsumido a la tecnocracia financiera que proponen los Ceos gobernantes entendiendo que ésta nueva vieja biota merece sacrificios humanos, incluso de pares y hasta propios. Pavlov aseguraba sobre la existencia de la correlación de reflejos en la mayoría de los actos humanos. Si luego de este exitoso y potente shock paradigmático e ideológico las clases medias logran estabilizar sus intereses prácticos, la alianza antes mencionada se solidificará y durará mínimamente hasta la próxima crisis, coyuntura que existirá en tanto y en cuanto el propio sistema no piense en su superviviencia. En el presente observamos a dirigentes políticos, sindicalistas, empresarios, antes oficialistas, hoy también, analizando las recetas del presente como las únicas posibles. Dicho esto la alianza ideológica está en marcha y se acomoda a fuerza de domesticación por carencia. La ideología ha superado a los partidos políticos, los ha homogeneizado, ahora les toca a los partidos políticos recostarse definitivamente en la ideología para deconstruirla y explicarnos claramente cada uno de sus marcos dialécticos y prácticos. 
El homo social contribuyente del presente, como el perro de Pavlov, subsumiso y resignado, el cual ahora se babea porque le alcanza con pagar los servicios, es la especie dominante que se impone dentro de la biota neoliberal. Lo que otrora fuera el homo social consumidor, subespecie unívoca a la que he visto con suma desconfianza debido a que su perfil evolutivo solo lo tabulaba a partir de la acumulación, ser social desprovisto de racionalidad que apenas trastabillaba en algún inciso macroeconómico reaccionaba violentamente, ha involucionado a favor de este individuo culposo, homo timorato cuyas banalidades conceptuales y comportamientos sociales, individuales y colectivos, causan verdadero asco, a tal punto que hoy son capaces de justificar su propio proceso de deterioro, individual y colectivo, ante la mirada feudal y aquiescencia del Ceo dominante.
Estos sectores, a la sazón de un futuro e imaginario bienestar, no tendrán problemas en no ver ciertas cuestiones debido a que se encuentran en pleno proceso de asimilación y costumbre, ergo adaptación y supervivencia. El 30% o el 35% de excluidos estructurales será considerado un daño colateral a favor del progreso, como ocurrió en nuestra historia durante la dictadura y durante la primera y segunda década infame.






lunes, 11 de diciembre de 2017

Cambiemos nada como pez en las aguas del analfabetismo político







El infame boato de la antipolítico

Por Flavio Crescenzi, Docente y crítico literario, para La Tecl@ Eñe


Fuente:





1. El fin de la inocencia


Cambiemos termina su segundo año de mandato habiendo superado con creces la barrera de las elecciones legislativas de medio término y teniendo la no tan descabellada convicción de que puede repetir la hazaña en las presidenciales de 2019. Cambiemos saborea su triunfo con la perversa fruición de quien sabe que está incurriendo en pecado de gula, es decir, con altanería, libre de culpas. Así se vive el éxito en las inmediaciones macristas, éxito que no es sino fruto del único plan de Gobierno más o menos claro desde que sus representantes arribaron a Balcarce 50, me refiero a esa rara entelequia que hemos convenido en llamar meritocracia. 

Así como no creíamos posible que Macri llegara al poder en 2015, pensábamos que, después de la interminable lista de medidas lesivas para la gran mayoría del pueblo argentino que el Gobierno llevó adelante en poco menos de dos años (en la que no faltan presos políticos ni víctimas de la represión), nadie en su sano juicio iba a avalar su gestión. ¿Qué fue lo que sucedió entonces? Sucedió lo que tenía que suceder, máxime si tenemos en cuenta que buena parte del electorado no se rige por serias convicciones políticas, sino por emociones tuteladas y nutridas desde los medios masivos de comunicación. La sociedad del espectáculo votó motivada por la seducción del espectáculo; la sociedad de la posverdad, como en una catarsis «orwelliana», materializó sus odios y prejuicios con un voto que sólo tenía la intención de sepultar para siempre al «populismo», el más peligroso enemigo de la república blanca, rubia y pura que había que restaurar forzosamente.

A este promovido y celebrado «analfabetismo político» habría que sumarle la crisis de representación de la dirigencia opositora. Una oposición dividida entre los que querían en verdad ejercerla; los que estaban dispuestos a limar las asperezas con el oficialismo en nombre del diálogo, la tolerancia y otros significantes vacíos semejantes (actitud que, por cierto, llegó al extremo del grotesco cuando Pichetto, Urtubey y otros senadores del bloque del PJ-FpV aprobaron el proyecto de ley de reforma previsional hace poquísimos días), y los que se contentaban con asumir una posición meramente testimonial, alejada de cualquier posibilidad concreta de construir poder y hegemonía. Lo curioso es que estas tres divisiones no se presentaron como compartimentos estancos, sino que, en mayor o en menor medida, afectaron por igual a todo el arco político opositor.

Huelga decir que vivimos tiempos de ignominia. Todo es póstumo, la esperanza de rectificación ha durado excesivamente y el macrismo se da el lujo consumar sus traiciones cada mañana sin convicción ni arte. Es hora de aceptar que hemos sido demasiado inocentes en la mayoría de los casos; es hora de repensar las estrategias.


2. La mani pulite o de los placeres onanistas de la lucha contra la corrupción


Detrás del apoyo a Cambiemos hubo un reclamo —elevado fundamentalmente por la clase media—, que aun si fuera genuino, sería sólo en parte atendible: el de juzgar y encarcelar a los políticos y sindicalistas corruptos. Este reclamo apareció como dato relevante en todas las encuestas previas a las PASO, y, como es lógico, los candidatos del macrismo (quiénes sino) supieron captar esas demandas y así gozar de la simpatía de un electorado sediento de «justicia».

Digo que este reclamo dista mucho de ser genuino porque sólo apunta a los políticos y sindicalistas que no están alineados con el Gobierno, lo cual demuestra a todas luces que se trata de un ejercicio más de revanchismo. Pero aun si fuera amplio y realmente exigiese que se investigara a los políticos y sindicalistas que ocupan cargos de importancia en áreas sensibles del actual Poder Ejecutivo (y convengamos que son muchos), el método, que podríamos denominar de linchamiento, vulnera los más elementales soportes institucionales, como lo demuestran los encarcelamientos sin condena de De Vido y de Boudou —amparados en la excepcional figura legal de prisión preventiva—, la insólita presión judicial que terminó por acelerar la renuncia de la procuradora Gils Carbó o el tan reciente procesamiento y pedido de desafuero a CFK por la absurda acusación de «traición a la patria». Por otra parte, hay que apuntar que poner tanto énfasis en la corrupción de la política sólo puede hacerle mal a la política, pues tras la consecuente estigmatización del término, cualquier discusión de fondo que requiera una argumentación social, histórica y tendiente al bien común quedará inhabilitada de antemano.

Naturalmente, este procedimiento no es nuevo. En el libro Estrategia y táctica del movimiento nacional, escrito por Arturo Frondizi (figura otrora elogiada por Mauricio Macri), hay un capítulo titulado «La corrupción, pretexto para derribar gobiernos populares», donde el expresidente da cuenta del que parecería ser el modus operandipreferido de los poderes fácticos a lo largo de la historia argentina, que, sin duda, se inaugura con las difamaciones proferidas contra Hipólito Yrigoyen antes y después del golpe de Uriburu.

El electorado macrista, constituido en gran parte por personas con una formación política más bien deficitaria, pretende que los políticos corruptos (que, para este reaccionario colectivo, serían únicamente aquellos que estuvieron vinculados al kirchnerismo) vayan a la cárcel, y quien debe ocupase de garantizar esta suerte de Némesis, tan fatal como deseada, es un Gobierno conformado por empresarios acusados o sospechados de corrupción. El blindaje mediático y la ya mencionada posverdad impiden que la gente se dé cuenta de la triste paradoja en la que vive. El macrismo, entretanto, se regodea en la implementación de una mani pulite que no es otra cosa que una escena distractora para que el mundo corporativo, ahora felizmente instalado en el Gobierno, pueda seguir erosionando los derechos adquiridos en democracia (la reforma laboral que se quiere imponer a cualquier precio sería uno de los ejemplos más recientes de esta siniestra tendencia), desguazando el Estado (léase endeudamiento por cien años, exenciones impositivas, reformas tributarias, etc.) e inoculando en la población el mezquino «ideario» neoliberal.


3. El sujeto neoliberal, el «hombre nuevo» del capitalismo tardío


Quien piense que el neoliberalismo es sólo una ideología que defiende el repliegue del Estado, su hundimiento en defensa del mercado o de la especulación financiera está equivocado. El neoliberalismo, de acuerdo con la descaminada lógica que se quiere instalar desde el macrismo, tiene como principal proyecto producir un nuevo tipo de subjetividad.

Contrariamente a lo que ocurría con el sujeto en la modernidad, que actuaba en función de los distintos ritos sociales (jurídicos, religiosos o institucionales) —ritos que, a su vez, exigían una determinada conducta en cada caso—, el sujeto neoliberal se consolida como un individuo que está por encima de las normas, entregado a su máximo rendimiento y competencia, asumiendo una actitud «empresarial» anta la vida, la actitud de un empresario cuya empresa no sería otra más que él mismo. Cualquier ley que limite el crecimiento pecuniario de este sujeto (y recordemos que toda empresa que se precie busca siempre un crecimiento) será tildado enseguida de autoritaria, aun si la ley en cuestión se funda en principios éticos o morales; del mismo modo, cualquier consideración intelectual que cuestione el frívolo hedonismo que practica este individuo será tildada por él enseguida de arbitraria, y vale decir que la posmodernidad le ha dado a argumentos de sobra para hacerlo. El sujeto neoliberal sólo se ampara en su «voluntad de poder», aunque ésta sea apenas una posibilidad, una aspiración, una fantasía. A grandes rasgos, éste es el perfil del votante de Cambiemos.

En suma, el fin último del capitalismo tardío es la producción de un nuevo sujeto, un sujeto íntegramente asimilado por la lógica empresarial, por su inherente competitividad, por su proverbial hipocresía, es decir, un sujeto que encarne y reproduzca el pensamiento del sistema. Es por esto por lo que el sujeto neoliberal —provenga de la clase social que provenga— desprecia la ética, la política y la cultura, en tanto valores de origen humanista, pues estos dispositivos simbólicos, estos abstractos mecanismos, amén de ser perfectibles, evidencian la falta de escrúpulos que atraviesa todo el edificio filosófico del neoliberalismo, un edificio poshumanista, posindustrial y antipolítico.


domingo, 10 de diciembre de 2017

ESMA.. El juicio más largo de la historia, la condena. Lo que el fascismo gobernante, por ahora, no puede impedir...


Argentina: La condena de la ESMA

Por Sebastían Ortega, Periodista. Es colaborador de la red de derechos humanos Cosecha Roja., para el semanario Revista Sin Permiso

Fuente:

La audiencia duró más de tres horas y media. En la sala de audiencias de la Sala Amia de los Tribunales Federales de Comodoro Py, los jueces del Tribunal Oral Federal 5 leyeron la sentencia del juicio más grande de la historia argentina: 29 genocidas fueron condenados a perpetua y otros 19 recibieron penas de entre 8 y 25 años por los crímenes de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).
En el banquillo de los acusados estuvieron sentados el ex jefe de tareas del Grupo de Inteligencia 3.3.2. Jorge Eduardo el “Tigre” Acosta, con traje y corbata azul, y el ex capitán de Fragata Alfredo Astiz, también de traje y con una escarapela argentina. Por primera vez fueron condenados dos pilotos de los vuelos de la muerte, una práctica característica de la dictadura argentina en la que arrojaban detenidos vivos al mar.
Lucía García Itzigsohn, querellante por la Secretaría de Derechos Humanos, escuchó en la sala AMIA de los Tribunales Federales de Comodoro Py 2002 las condenas a los asesinos de su padre Gustavo García Cappannini y su madre Matilde “Tili” Itzigsohn .
Afuera cientos de personas siguieron la transmisión a través de una pantalla gigante.
El papá de Lucía era artista plástico y militaba en montoneros. Una de sus tareas era confeccionar documentos falsos para la organización. El 14 de octubre del 76 lo secuestraron cuando volvía a Bernal desde La Plata, donde había ido a visitar a su madre. “Mi tía lo despidió en una parada de colectivo en La Plata y nunca más lo vimos”, contó durante el juicio Lucía, que en aquel entonces tenía dos años. No hay información sobre cómo fue el operativo. Varios sobrevivientes contaron que lo vieron en la Esma.
Matilde “Tili” Itzigsohn sabía que si pasaban varias horas sin tener noticias de su marido debía abandonar la casa junto a Lucía, de dos años, y su hermana María Inés, que todavía no había cumplido los cuatro meses. Cuando una patota allanó la casa, ellas ya no estaban ahí.
Cinco meses después cayó Matilde. La secuestraron a pocas cuadras de la casa de su madre, sobre la Avenida Díaz Vélez, en la ciudad de Buenos Aires, y la trasladaron a la ESMA. Había dejado a sus hijos en la casa de su madre para encontrarse con una cita para obtener información. Tenía 27 años, militaba en la Juventud Trabajadora Peronista (JTP) y había sido delegada del Astillero Río Santiago hasta el 24 de marzo de 1976. Ese día, en el que ella estaba de licencia por embarazo, 30 compañeros suyos fueron detenidos. Matilde era una de las pocas mujeres en una fábrica de barcos que regenteaba la Marina. En las asambleas insistía con la necesidad de que hubiera un jardín maternal para las hijas y los hijos de los trabajadores.
“Entendía el cuidado como una tarea colectiva. Y el trabajo como un derecho”, contó tiempo después Lucía.
Tras la desaparición de Matilde, Lucía quedó al cuidado de su abuela paterna y María Inés de su abuela materna. En 2013 las hermanas declararon en el juicio. “Mis abuelas tocaron todas las puertas que creyeron útiles. Visitaron decenas de organismos y confeccionaron habeas corpus, que fueron rechazados por los jueces. También visitaron a monseñor Graselli, hasta que se dieron cuenta que él les sacaba información”, contó María Inés.
También contó que antes que desaparecieran sus padres, sus abuelos habían juntado plata y se la habían ofrecido a su papá para que se exilie con su familia. “Si yo me voy quién se queda a hacer patria”, contestó él. Hoy Lucía pudo celebrar las condenas a perpetua a los asesinos de sus padres.
Los vuelos de la muerte
Esta es la tercera vez que se juzgan los crímenes cometidos durante la dictadura en la ESMA. El primer debate oral, en 2007, se interrumpió un día antes de la lectura de la sentencia, cuando murió el único imputado, el prefecto Héctor Febrés. El segundo juicio comenzó a finales de 2009: ahí se analizó el período entre 1976 y 1979, en que el centro clandestino de detención estuvo bajo el mando de Jorge Eduardo el “Tigre” Acosta. Se debatieron los 86 casos cuyas investigaciones habían quedado suspendidas tras la sanción de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. El juicio concluyó con la condena a perpetua del Tigre Acosta, Alfredo Astiz y otros 10 represores. Otros cuatro recibieron penas de entre 18 y 25 años y dos fueron absueltos.
En este último juicio se unificaron diferentes tramos de la causa y se reconstruyó la estructura operativa del centro clandestino. Se incluyó la investigación de los “vuelos de la muerte”, en los que miles de detenidos-desaparecidos fueron arrojados vivos al mar, y se profundizó sobre el funcionamiento de la ESMA como maternidad clandestina.
Por primera vez la Justicia logró reconstruir el mapa de las aeronaves utilizadas e identificar a los pilotos que participaron en los vuelos de la muerte: Mario Daniel Arrú y Alejandro Domingo D’Agostino fueron condenados a perpetua por arrojar a las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet junto con otras 10 víctimas desde el avión de la Armada Skyvan PA-51 al Océano Atlántico el 14 de diciembre de 1977. El piloto Julio Alberto Poch fue uno de los seis genocidas absueltos.
“No hay sobrevivientes de los vuelos de la muerte. Esta práctica es una de las características particulares del terrorismo de Estado argentino. Hasta este juicio, ninguno de sus responsables había sido acusado”, sostuvo el Centro de Estudios Legales y Sociales en una investigación especial sobre la megacausa ESMA.
El juicio más largo
—Soy el Capitán de Fragata de la Armada Argentina, Alfredo Astiz. No voy a responder ninguna otra pregunta —respondió el ex capitán de fragata cuando el juez le preguntó sus datos personales.
Era febrero de 2013 y acababa de comenzar el juicio más grande de la historia argentina. En ese momento había 68 represores en el banquillo. Cinco años después, la lista se redujo a 56 por fallecimiento o problemas de salud de los imputados.
Un mes después de iniciado el juicio, arrancó la etapa de declaraciones testimoniales. Durante alrededor de dos años más de 800 sobrevivientes, familiares y amigos de las víctimas, hijos e hijas de desaparecidos nacidos en cautiverio contaron las historias de cada uno de los desaparecidos y detallaron el sadismo y la perversión de los represores.
Los alegatos comenzaron en julio de 2015. “En la primera parte detalló el esquema represivo implementado entre los años 1976 y 1983, incluyendo el repaso de la documentación utilizada como prueba y destacando el valor de los testimonios de las víctimas-testigo. Además, resaltó el rol de cada uno de los imputados y sus responsabilidades criminales. En la segunda parte, se hizo referencia a cada una de las 789 víctimas, que fueron agrupadas por cadenas de “caídas”. Más de 100 horas le llevó a los fiscales la descripción del plan represivo”, detalló la antropóloga María Freier, querellante en la causa, en una columna publicada en la agencia de noticias Télam.
En octubre pasado, Astiz volvió a hablar ante los jueces. ““Nunca voy a pedir perdón por defender a mi patria”, dijo durante un extenso discurso en el que reivindicó el terrorismo de Estado, al que definió como “guerra sin tiempo contra el terrorismo subversivo”. También comparó la lucha armada de la década del 70 con las reivindicaciones de las comunidades mapuche de la Patagonia, a quienes llamó “movimientos terroristas secesionistas”.
Ayer, después de 410 audiencias, el juicio más largo de la historia llegó a su fin: La sentencia duró más de 3 horas y media. “Señoras y señores, el juicio ha concluído”, anunció a las 19:53 el presidente del tribunal. Por primera vez en toda la tarde, estallaron los aplausos en la sala.
Jorge Eduardo Acosta PERPETUA
Rodolfo Luis Agusti Scacchi PERPETUA
Mario Daniel Arru PERPETUA
Alfredo Ignacio Astiz PERPETUA
Juan Antonio Azic PERPETUA
Ricardo Miguel Cavallo PERPETUA
Rodolfo Oscar Cionchi PERPETUA
Daniel Cuomo PERPETUA
Alejandro Domingo D’Agostino PERPETUA
Hugo Enrique Damario PERPETUA
Francisco Armando Di Paola PERPETUA
Adolfo Donda PERPETUA
Miguel Ángel García Velasco PERPETUA
Pablo Eduardo García Velasco PERPETUA
Alberto Eduardo González PERPETUA
Orlando González PERPETUA
Rogelio Jorge Martínez Pizarro PERPETUA
Luis Ambrosio Navarro PERPETUA
Antonio Pernías PERPETUA
Claudio Orlando Pittana PERPETUA
Jorge Carlos Rádice PERPETUA
Francisco Lucio Rioja PERPETUA
Juan Carlos Rolón PERPETUA
Néstor Omar Savio PERPETUA
Hugo Héctor Siffredi PERPETUA
Carlos Guillermo Suárez Mason PERPETUA
Gonzalo Dalmacio Torres de Tolosa PERPETUA
Eugenio Bautista Vilardo PERPETUA
Ernesto Frimón Weber PERPETUA
Juan Carlos Fotea 25 AÑOS
Jorge Luis Magnacco 24 AÑOS
Rubén Oscar Franco 20 AÑOS
Edgardo Aroldo Otero 17 AÑOS
Guillermo Horacio Pazos 16 AÑOS
Carlos Octavio Capdevila 15 AÑOS
Víctor Roberto Olivera 14 AÑOS
Juan Arturo Alomar 13 AÑOS
Carlos Eduardo Daviou 12 AÑOS
Jorge Manuel Díaz Smith 12 AÑOS
Héctor Francisco Polchi 11 AÑOS
Daniel Humberto Baucero 10 AÑOS
Antonio Rosario Pereyra 10 AÑOS
Paulino Oscar Altamira 8 AÑOS
Julio César Binotti 8 AÑOS
Miguel Enrique Clements 8 AÑOS
Juan de Dios Daer 8 AÑOS
Mario Pablo Palet 8 AÑOS
Miguel Ángel Rodríguez 8 AÑOS
Juan Ernesto Alemann ABSUELTO
Ricardo Jorge Lynch Jones ABSUELTO
Roque Ángel Martello ABSUELTO
Rubern Ricardo Ormello ABSUELTO
Julio Alberto Poch ABSUELTO
Emir Sisul Hess ABSUELTO



viernes, 8 de diciembre de 2017

Es la derecha, imbécil. Es la derecha que te dice que no existe la derecha, es la derecha horizontal, la peronista, la radical, la socialista, la fascista, ergo la de Cambiemos...




De herencias y violencias

Por Mario de Casas Ingeniero civil. Diplomado en Economía Política, con Mención en Economía Regional, FLACSO Argentina – UNCuyo. FpV para La Tecl@ Eñe


Desde que asumió, el oficialismo hizo de la “herencia recibida” una letanía vacía: nunca dio precisiones y menos pruebas -no las podía dar- que confirmaran esa falsa imagen del país y del Estado que había recibido para gobernar. Es que no obstante la sucesión de golpes de mercado propinados al gobierno de Cristina Fernández, los sectores dominantes no lograron poner en crisis y/o destituir al gobierno popular; debieron inventar entonces la “herencia recibida” para implementar políticas antipopulares que, además, responden a una ley de hierro: cada una es el vehículo de algún negociado.

El propósito de estas líneas es recordar las herencias que desde 1976 nos fue dejando la derecha cada vez que -legítimamente o no- cayó en sus manos la conducción del Estado. Ejercicio de memoria cuya importancia se puede estimar considerando que no pocos miembros del bloque de poder actual dieron sustento y se beneficiaron con las transformaciones acaecidas entonces, y durante la remake de los 90. Si hiciera falta un ejemplo, ahí está el grupo económico perteneciente a la familia presidencial.

Cuando la última dictadura entregó el gobierno después de imponer a sangre y fuego un proceso económico, político y social que cambió estructuralmente la Argentina, no sólo había caído el ingreso per cápita con un marcado perjuicio relativo para los sectores populares, también se había incrementado la deuda externa de 7800 millones de dólares en 1976 a 43100 en 1983. En aquellos años la deuda ya se había convertido en motor de una incipiente fuga de capitales, en factor de dependencia política y en argumento para profundizar por distintas vías la postergación de las capas sociales más vulnerables. Había sido entronizada la valorización financiera del capital como eje ordenador de las relaciones económicas, e instrumento central de una regresión que fue posible por el disciplinamiento social impuesto por la madre de todas las violencias, el terrorismo de Estado.

Cuando al compás del colapso de esas mismas políticas cayó el delarruismo, fase final de la larga década menemista, la deuda externa pública y privada había dado otro gran salto: sólo entre 1991 y 1997 de 61 mil millones a 124 mil millones de dólares. Asimismo, se habían enajenado activos estatales estratégicos, en un proceso decisivo en la centralización del capital y estrechamente vinculado al carácter que asumió y a la manera en que se resolvió la crisis hiperinflacionaria de 1989: otra forma de violencia disciplinadora de amplio espectro, cuyo antecedente más importante fue la “quiebra” del Estado en 1988 provocada por la puja entre el capital concentrado interno y los acreedores externos por la apropiación del excedente; episodios que forzaron la renuncia del presidente Raúl Alfonsín, severa advertencia para quien lo sucediera. La herencia de los 90 fue alta desocupación  -recurso infalible para el sometimiento de la fuerza de trabajo-, precarización del empleo y disminución en la participación de los asalariados en el ingreso nacional; mayor concentración de la producción y centralización del capital, desindustrialización y desaparición de pequeñas y medianas empresas; y debilitamiento del Estado, impedido de intervenir en sectores clave de la economía a la sazón controlados por conglomerados extranjeros y empresas transnacionales, es decir, nueva cesión de soberanía y sumisión del sistema político a grandes corporaciones. 

Si la eliminación de cuadros políticos que cumplían un rol central en la organización de los sectores subalternos fue un aporte fundamental de la dictadura a los sectores dominantes, y si durante el menemismo se intensificó la cooptación non sancta de buena parte del sistema político por el bloque dominante, con el macrismo parece haberse consumado la subordinación ideológica lisa y llana de una porción de la superestructura política que aun así dice pertenecer al campo popular.

Hoy sería aventurado precisar los alcances de la herencia que dejará el macrismo, aunque la palpable identificación de sus políticas con las de sus mayores y la declamada adhesión a Tratados de Libre Comercio sugieren efectos demoledores desde una perspectiva nacional-popular. Pero sí se puede describir la violencia a partir de la cual va forjando su legado, demostrativa de su pertenencia al ADN de todas las derechas: lo que las distingue no es las políticas que ejecutan, sino el tipo de violencia con que las imponen y sus secuelas.

Una originalidad de las agresiones de la “nueva” derecha es la sobredosis de cinismo y mentira con que son enunciadas y se pretenden justificar sus iniciativas. Una característica política es la flexibilidad táctica que, necesariamente, complementa la imperturbable rigidez estratégica.

Algunas mentiras quedan expuestas por ostensibles, como reconoció Macri cuando parafraseó a Menem: “Si decía lo que iba a hacer, no me votaba nadie”. Otras encierran sutilezas para el ciudadano de a pie; es el caso de políticas que constituyen formas de violencia de Estado, medios de control social al servicio de los intereses dominantes, pero que se presentan como si su finalidad fuera la “protección” de los “ciudadanos” -Michetti dixit-; ejemplos: la brutal represión en la Patagonia en resguardo de miles de hectáreas de terratenientes amigos y de éstos como ocupas de espacios públicos, la denominada “lucha contra el narcotráfico” y la adhesión a la política imperial conocida como “guerra antiterrorista”.

Lo invariable es que siempre mienten, mas siempre con una cínica sonrisa. Y que cuando tienen que dar un paso atrás lo dan, pero para dar dos adelante en la dirección del implacable deterioro de las condiciones de vida de los sectores populares.


Fuente:

http://www.lateclaene.com/mario-de-casas-de-herencias-y-violencias


miércoles, 6 de diciembre de 2017

El kirchnerismo, el movimiento nacional y la esperanza Por Carlos Raimundi

El kirchnerismo, el movimiento nacional y la esperanza


Por Carlos Raimundi para La Tecl@Eñe








Fuente:



El campo popular atraviesa una saludable etapa de debate –interno y público- para desentrañar los meandros de la feroz ofensiva neoliberal, actualizar sus rasgos de identidad profunda, sus lazos con el proceso mundial y las posibles razones por las cuales, luego de doce años de gobierno popular, el neoliberalismo se presenta con tanta potencia.
        
Eso habla bien de nosotros, siempre y cuando el debate sea sinceramente profundo, pero no se dilate demasiado en el tiempo, de modo de estar bien preparados para reasumir la orientación del proceso político cuando las circunstancias se presenten.
        
El otro requisito es que si bien debemos debatir sobre nuestras asignaturas pendientes, el hecho de asumirlas no implique debilitar nuestra acumulación social y política. La interrogación no puede ser eterna.     


Superar la perplejidad


La falta de límites, la escalada, la inescrupulosidad del macrismo parecen causarnos cierta perplejidad. Salvando las enormes distancias, algo similar sentíamos durante las horas previas y los primeros tramos posteriores al golpe de estado de 1976. Desconcierto, impotencia frente a la irracionalidad de aquellos días, la brutalidad inédita, la desaparición de nuestras Compañeras y Compañeros. De allí la trascendencia histórica de la Carta Abierta de Rodolfo Walsh, que en una deslumbrante combinación de excelencia y tragedia sistematizó lo que sucedía describiendo las bases de un plan siniestro que entrelazaba el terrorismo de Estado con un plan económico de miseria para las mayorías. Es decir, para comprender los alcances de la etapa debimos ubicarnos en un plano superior de análisis, que nos apartara momentáneamente del aturdimiento cotidiano para ver la realidad desde una mayor perspectiva: el rol que los grandes centros de poder mundial habían asignado a América Latina en aquel momento de reconfiguración del capitalismo mundial, que se preparaba para su estocada final contra el socialismo, una década después.

Muchos acontecimientos de hoy, como –en nombre de la República-anular derechos, derogar leyes por decreto, perseguir a líderes políticos, inventar causas judiciales, generar la mentira sistemática desde los medios, reprimir bestialmente, no se entienden en toda su dimensión sólo desde la lógica cotidiana. Es necesario elevar nuevamente nuestro plano de análisis, para observar cómo podrían desequilibrar los gobiernos populares de América Latina la presente disputa geopolítica que está dando a nivel mundial el capital financiero globalizado contra los Estados y los Pueblos. Dado que la disputa de hegemonía alcanza a todos los rincones de la vida social y política, no hay espacio que la contra-ofensiva neoliberal resigne en su lucha por evitar el resurgimiento de experiencias populares. Contra ese fenómeno nos enfrentamos; eso explica la desmesura.

América Latina está viviendo hoy, como en aquel momento, una fase de golpe de Estado, lisa y llanamente. Con menos crueldad física por el momento, pero con consecuencias económicas y sociales estructurales de alcance similar.
        
Debemos entender el fenómeno, para situarnos correctamente frente a él. Entender que existe un amplio trayecto de nuestra historia durante el cual se fue forjando en una notable porción de la sociedad argentina una determinada subjetividad, adherente, o cuanto menos complaciente respecto de los slogans del liberalismo, hoy neoliberalismo. La conjunción entre una clase media fascinada por el estilo de vida de la oligarquía, una alianza de clase entre oligarquía y poder militar y una tendencia actual a la fragmentación de todos los colectivos sociales a nivel mundial, arrojan como resultado una considerable adhesión a la experiencia macrista, excesiva si se la coteja con los retrocesos en cuando a calidad de vida que sus propios votantes reconocen. Es decir, debemos abordar esta etapa a partir de un diagnóstico y una tarea que no sólo se ocupe de lo estrictamente programático, sino del litigio en el campo simbólico. En ese plano que estructura no sólo la vida material, sino el sistema de esquemas lógicos y éticos con que el votante del neoliberalismo construye su interpretación de la realidad, pese a verse perjudicado por él social y económicamente.   
        
Y no debemos perder de vista que, por acción de algunos, pero por la omisión de muchos otros, la Argentina no muy lejana atravesó etapas atroces como cierta indiferencia ante el terrorismo de Estado, la aceptación de la aventura de Malvinas, la ficción de que un peso valía lo mismo que un dólar, y, no obstante todo eso, adhirió en un elevado porcentaje al neoliberalismo de Menem y López Murphy en las elecciones de 2003. El macrismo es heredero político de toda esa tradición, que se remonta a los albores de nuestra historia y atraviesa golpes de estado, bombardeos y proscripciones.  

Entonces, en lugar de la perplejidad de preguntarnos ¿por qué?, sería más correcto admitir ¿por qué no? ¿Por qué no habría de suceder lo que sucede? ¿Por qué no habrían de ser permeables esos mismos grupos sociales al agobio de la mentira mediática, que supo actuar inteligentemente sobre esa subjetividad? Preguntarnos ¿por qué? sugiere no entender la conducta del otro, o situarla en el plano de lo irracional. Admitir ¿por qué no? nos abre, en cambio, el camino para asumir que estamos ante una construcción racional, afrontar la situación y poner manos a la obra sobre ella.


Derechos fundamentales


Salarios, derechos laborales, jubilaciones, políticas de inclusión, servicios esenciales, empresas públicas, recursos estratégicos, autonomía financiera, constituyen derechos humanos fundamentales. Por lo tanto, deben convertirse en cuestiones de interés público, y con ello, de orden público. Los intereses privados no pueden prevalecer por sobre ellas, y los derechos subjetivos de carácter particular ceden frente al interés público. Según esta concepción, el bien jurídico que se tutela es de una jerarquía claramente superior. Ningún interés personal (de persona física o jurídica) de carácter privado, ni un derecho adquirido por un particular que ponga en riesgo aquellos derechos fundamentales, puede considerarse en un plano más alto que ellos. Esto, debido a que dichos derechos fundamentales son considerados derechos adquiridos ab-initio por la persona humana dada su condición de tal, de ciudadano y ciudadana.

Entre quienes acaban de aprobar en el Senado la reforma previsional están, desde luego, los que han representado a la oligarquía históricamente. Pero también algunos de quienes fueron votados en nombre de los intereses populares. Sería simplificar demasiado la cuestión atribuir el voto de estos últimos solamente a una traición. Muchas mentes han sido ganadas por una visión filosófica, inteligente y perseverantemente trabajada por la comunicación neoliberal, según la cual el bienestar deviene más de una cuestión fiscal en abstracto que del goce concreto del derecho. Su lógica argumentativa es paradojal; nos tratan de persuadir de que se está mejor cuando se gana menos, y cuando se ganaba más se estaba peor. Se ha llegado al extremo de que quien dirige el organismo administrador de la seguridad social dijera que el hecho de que las jubilaciones de la Argentina son las más altas de la región, es algo negativo.  

Esto, que parece tan simple de entender, responde a un trabajo medular del neoliberalismo sobre nuestra subjetividad, no únicamente a una actitud traidora. En todo caso, se puede calificar de traidor a quien toma la medida o a quien vota la ley. Pero no al jubilado que lo sufre, y sin embargo lo consiente. Nosotros, desde el campo popular, tenemos que trabajar muy lúcida y tenazmente sobre ese territorio de la subjetividad. Inculcar que los derechos no provienen de una concesión del Estado sino que van unidos a la persona simplemente por su condición de tal. Que la misión estatal consiste sólo en administrarlos. El gobernante no es quien concede la propiedad del derecho, se limita a transferir recursos. Esto es lo profundamente democrático.

En definitiva, se trata de un cambio filosófico, que implica revisar deformaciones históricas de la conciencia colectiva de una parte de la sociedad, que, por vía de la cultura neoliberal, acepta como natural que los derechos fundamentales no le pertenecen, sino que deben ser determinados por quien ocupa un lugar transitorio en el aparato burocrático del Estado, en función de un supuesto equilibrio de las cuentas fiscales.

Y aquí cabe una última aclaración para adelantarnos a quienes quieran interpretar maliciosamente este análisis. No estamos propiciando el desquicio de las cuentas fiscales. Estamos diciendo que las cuentas deben cerrar a expensas de los derechos esenciales, y no los derechos mutilarse a expensas de las cuentas. Además, es el propio macrismo quien perjudica las cuentas fiscales al eliminar retenciones, aportes patronales e impuestos en favor del sector empresario, y luego pretende subsanarlo bajando salarios y jubilaciones. Aplica así, un criterio de transferencia inversa o regresiva de recursos, lo que está reñido con todo concepto elemental de justicia. La macroeconomía debe subordinarse al buen vivir de las personas, y no a la inversa. Para que cierren las cuentas fiscales, son los intereses y privilegios particulares de los más poderosos los que deben ceder ante los derechos fundamentales de la persona y del Pueblo, que son los sujetos que dan sustancia a un sistema verdadera y efectivamente Democrático.  
        
Por esta razón, en el Preámbulo que presida nuestra Nueva Constitución, debe quedar establecido que la Argentina adopta, en nombre de todas sus luchas, un modelo profunda y definitivamente Democrático. Y su fuente primera y objetivo mayor, su principio, su fin y los medios para lograr la Democracia es el Pueblo, que debe contar con derechos inalienables, indelegables, intransferibles e imprescriptibles.   


Desarrollo e Igualdad
        

Nada más alejado de nuestro pensamiento que estigmatizar la pobreza, asociarla con el delito. Más bien, los ilícitos que más han conmovido la matriz económica y social de nuestro país han sido cometidos por las clases dominantes, no por los humildes. Pero está comprobado que la exclusión y la desigualdad constituyen el mayor caldo de cultivo para la inseguridad. De aquí que el desarrollo se erige en una meta fundamental. Es decir, el crecimiento de la riqueza precedido de criterios de distribución de carácter progresivo. Las políticas públicas deben tender a ecualizar los márgenes de ganancia de cada rubro de la economía. No es intrínsecamente justo, ni correcto ni eficaz, que sectores como la actividad financiera, los agro-business o las grandes cadenas de comercialización reciban tasas de ganancia varias veces superiores a las de los rubros más productivos como el empleo industrial, el empleo en la construcción, el trabajo rural o las pequeñas y medianas empresas. Nadie con buen criterio debería oponerse a una reforma tributaria que persiga esa finalidad.


Abonar la esperanza
        

El modelo macrista es una continuidad de la dictadura y los noventa: ingreso de fondos especulativos desde el exterior-maximización de la tasa de ganancia financiera-apertura económica para facilitar la inmediata fuga de esos capitales. Pero, a diferencia de esos dos períodos anteriores, la actual iliquidez y recesión internacional merman la cantidad de capitales disponibles para endeudarnos, es decir, el financiamiento externo para que se sostenga. Esto significa, o bien menor plazo de sustentabilidad del modelo, o bien aumentar la exigencia de los capitales externos de asegurarse una tasa rápida de ganancia, mediante un acelerado ajuste social. Desde lo financiero y desde lo social, el modelo es insustentable a mediano plazo.

Nadie podría anticipar el momento ni la forma, porque los procesos populares son precisamente eso, resultado de la propia maduración y la espontánea oleada de protagonismo del Pueblo. Pero el colapso financiero del país, una vez más, se torna una cuestión de tiempo. Es como vivir financiando la tarjeta de crédito, lo que devendrá en crisis política cuando este proceso macroeconómico afecte irreparablemente la vida cotidiana de millones de argentinos. En ese momento cambiará significativamente el clima político y el humor social. No sólo se des-legitimará el macrismo, sino todo su andamiaje policíaco-mediático-judicial, y se re-legitimará el modelo de inclusión y sus figuras más contundentes. Un mismo espíritu histórico, expresado en las mejores tradiciones nacional-populares, pero encarnado en una nueva morfología. Enlazando las nuevas generaciones con las anteriores y sujetos pre-existentes con otros novedosos, conformaremos la nueva mayoría social y política que aparecerá en el escenario para ejercer el protagonismo de la etapa.

El campo popular está fuerte. Lo demuestra, precisamente, este estado de debate intenso en el seno del colectivo político con mayor afinidad ideológica interna, liderazgos, militancia, presencia de jóvenes, inserción social, poder de convocatoria a la movilización masiva (no sólo callejera sino en medios convencionales y alternativos, formas de la cultura popular, redes, etc.). Nuestro gran desafío es construir, desde esta plataforma fundamental, la mayoría social y electoral requerida por el sistema institucional vigente. Para ello tenemos que proponer futuro. El pasado es nuestra base de lanzamiento, sólo nuestra base de lanzamiento. El futuro significa leer el país en una clave que renueve la esperanza.

El campo popular –al menos una parte fundamental de él- tiene unidad de conducción en la figura de Cristina Fernández de Kirchner. Tiene, como dijimos, base social. Y tiene unidad de concepción y suficiente homogeneidad ideológico-política. Resta aceitar la conexión entre cada uno de esos campos a través del fortalecimiento de la organización.

En presencia del Estado, son las políticas públicas y quienes las ejecutan, los articuladores de los diversos campos del movimiento. Pero en ausencia del Estado, se requiere un esfuerzo adicional. Es más, era imposible que el retiro del Estado luego de administrarlo durante doce años, no impactara al interior de la fuerza.

Todo desafío de organización política se encuentra ante la tensión entre una ampliación que diluya su consistencia ideológico-política y una institucionalidad que acote sus márgenes de crecimiento. Cómo resolver esa lógica tensión no está escrito en ningún manual de procedimientos. No hay elaboración técnica que lo predetermine. Es su propia dinámica la que va encontrando los canales más adecuados a las circunstancias, en tanto exista un sólido núcleo de conducción, acumulación y articulación.

De todas maneras, no se trata sólo de lo organizacional, sino también de lo actitudinal. Para volver a ser mayoría es necesario salir de lo propio a la conquista de lo no-propio. Y eso implica toda una gestualidad que dispute, además de lo propositivo, el campo de lo simbólico.   

Podemos –y debemos- asumir las posiciones más radicales en términos de intervención sobre las estructuras más sensibles del poder fáctico de nuestro país y de la región, pero desde un semblante y una narrativa no fanatizada ni de vanguardia, debido a lo expulsivo que ello conlleva, sino seductora y amigable. Más orientados hacia la persuasión que a la imposición, lo que no implica tibieza, relativismo ni concesión alguna, sino más bien eficacia para sumar el mayor consenso posible a la hora de tomar las medidas de la profundidad que se requiera. Las circunstancias, siempre y cuando sostengamos un contacto muy fluido con el Pueblo, nos irán marcando los momentos más tendientes a la pedagogía política y aquellos en que la acción deba ser más contundente. Sin perjuicio de que ambos momentos se alternan necesariamente en todo proceso de ampliación de derechos y cambio institucional.