EL PERDIDO - ESTACIÓN JOSÉ A. GUISASOLA - PARTIDO DE CORONEL DORREGO - BUENOS AIRES - ARGENTINA

jueves, 21 de septiembre de 2017

La mentira y la falacia como arietes para que el poder político sea en definitiva ese puesto menor tan deseado y funcional.


Dicen que esta frase de Underwood 
fue la que literalmente utilizaron con el gerente de C5N 
y el caso del periodista Navarro





Por marzo del año 2014 Sebastián Olaso escribía “Vivimos en tiempos en que el concepto de verdad se ha vuelto increíblemente complejo. Estoy de acuerdo con que no hay verdades únicas, con que algunas supuestas verdades son apenas factores de poder, visiones fundamentalistas o elementos de dominación o de manipulación. Tengo muy en claro que la idea de un pensamiento único, sin posibilidad de disidencia, puede derivar en sociedades violentas, totalitarias, intolerantes, homogéneas, hegemónicas, represivas. Pero me niego al borramiento del concepto de verdad. Me niego a que, como contracara, se anule el concepto de mentira. Me niego a que haya un nuevo totalitarismo donde no haya más que supuestas verdades particulares, personales, que permitan mentir a mansalva, de modo impune. Me niego a que el debate use la expresión su verdad cuando debería usar la expresión su versión: versión que, luego se verá, quizás en algunos casos sea una verdad personal, pero quizás en otros casos sea una mentira lisa y llana... En este juego de excesos y omisiones que se crea muchas veces cuando se necesita visibilizar algo importante, creo que es necesario, además, no aplanar las miradas. Creo que es necesario restituir un espacio al concepto de verdad. Si lo logramos, vamos a poder ser realmente fuertes en nuestros argumentos, en nuestras opiniones, en nuestro posicionamiento. Si en un lugar hay violencia, ilegalidad, represión, abuso, estafa o cualquier tipo de acción digna de atención, intervención, concientización, ¿para qué adulterar los hechos?..




Aún aceptando los términos es evidente que el periodismo ha llegado a un nivel de protagonismo inusitado, incluso en su inestimable e irremplazable  rol para “desanoticiar”. El caso es que observo la cuestión negativamente – hace bastante tiempo, en este mismo foro, hacíamos notar sobre el pobre momento que estaba viviendo la profesión -. Protagonismo por ellos mismos declamado, potenciado y ejecutado, de modo que cualquier método, lícito e ilícito, resulta viable para que la oferta de embustes y sofismas continúen manteniendo un estatus acorde con aquellas apetencias mencionadas.


Percibo que los profesionales en la materia no están observando cierto hartazgo social que una gran porción de la población tiene con relación a sus voces, dichos, razonamientos, antojos, inquisiciones y demás alegatos que suelen exponer como si tal cosa incluyera formato de ciencia exacta (sus porcentajes de imagen negativa son históricos y debería hacer reflexionar al colectivo periodístico). Cuestiones que en su mayoría se desvanecen naturalmente por obvias razones de inconsistencia. No descarto que arribar al hastío se constituya como inciso deliberado, parte fundamental de la estrategia de modo la realidad no se comprenda o directamente se vislumbre difusa.


Hace poco menos que un siglo atrás Natalio Botana, desde el diario Crítica, afirmaba: Que nunca la verdad te arruine una noticia. Pues de eso se trata. Lo bueno no garpa y menos si esa verdad va en contra de determinados intereses. De existir es necesario enlodarla de modo se transforme cual bumerang en crónica judicial. Recordemos el protagonismo de Botana en el golpe conservador que derrocó a don Hipólito Yrigoyen.


Así como durante la segunda década infame la política estuvo bajo la tutela de la economía, en la actualidad existe la pretensión de que el poder político se ubique no sólo un escalón por debajo de ella sino además por debajo del poder judicial y del mediático. Que el poder político sea en definitiva ese puesto menor tan deseado y funcional.

Verdades que existen, invisibilizadas quizás por el periodismo “botaniano”, realidades tangibles que sufrimos todos los días los sectores populares. Verdades que no son noticias, porque en definitiva las cuestiones que enlodan a los sectores dominantes, a los poderes fácticos y perennes, nunca los son.






miércoles, 20 de septiembre de 2017

CON UNA PARTE IMPORTANTE DEL PJ QUE BUSCA LA DERROTA DE CRISTINA, Octubre, si ves al futuro dile que no venga...





Lo afirmado en este espacio desde hace un buen tiempo se ve reflejado en el análisis que Ricardo Rouvier hace en el prestigioso medio La Tecl@Eñe. Lo han ratificado Randazzo y Massa en cada una de sus intervenciones públicas y en el marco de sus encuentros políticos dirigenciales: ergo, no están para competir electoralmente sino para impedir el reagrupamiento de las fuerzas nacionales y populares alrededor de Cristina Fernández Kirchner. A mi entender nos espera una derrota inevitable, y esto va más allá de los errores o los aciertos en la construcción política, acaso tiene que ver con algo más profundo que no nos atrevemos a asumir. Esto es que nuestra sociedad, mayoritariamente, y esto incluye a muchos de nuestros representantes del llamado campo popular, no está interesada en la equidad, en la igualdad de oportunidades, en el respeto a los DD.HH, en la soberanía política, en la independencia económica y en la justicia social. Acaso vale notificar que estos tópicos no nos van a esperar hasta la próxima crisis terminal. Una vez que partieron difícilmente regresen en su esencia e integridad. El avance neoliberal en democracia y su descomunal poder omnímodo es un hecho tan irrefutable como lamentable. Que nadie se llame a engaño buscando chivos expiatorios, para que ello ocurra hubo de haber en el medio una decisión popular admitiendo tal orden como admisible. En definitiva son los pueblos con sus decisiones los que construyen sus paraísos, sus purgatorios o sus definitivos infiernos...


Análisis de Ricardo Rouvier sobre los comicios que se avecinan

El avance macrista, Por Ricardo Rouvier para La Tecl@ Eñe


Fuente


Cambiemos apunta a alcanzar el 40% de los votos en octubre próximo en la Provincia de Buenos Aires y, de este modo, lograr coronar una buena elección nacional ratificando lo que fueron las PASO, y afirmándola como fuerza política. Si esto se produce obtendría unas 104 bancas de diputados y 24 de Senadores. Primera minoría en la cámara baja y segunda en Senadores, luego del PJ. La ex Presidenta, elegida senadora, manejaría un bloque de 8/9 legisladores. 

Una mirada más exhaustiva muestra un fenómeno que produce perplejidad en las filas del progresismo y del peronismo; el voto a favor del oficialismo cuenta con el aporte de los barrios medios bajos y bajos del conurbano, conglomerados muy castigados por la recesión. En las elecciones legislativas anteriores del 2009 y 2013, en los mismos lugares, la oposición de entonces venció al kirchnerismo. En esta oportunidad CFK ganó por poco,  pero Cambiemos logró crecer y penetrar en los conglomerados más pobres del territorio bonaerense. Esta situación colaboró en la configuración política que adquirió este nuevo conservadorismo a nivel nacional. Si bien en la 3ra. sección electoral bonaerense, baluarte del voto peronista, Unidad Ciudadana ganó con una ventaja de trece puntos, Cambiemos logró casi un tercio de los votos.

Las encuestas van confirmando las hipótesis previas; es posible que la alianza oficialista crezca un poco más del 36% que tuvo como promedio en el total país, en las PASO de agosto. El resultado, igual, no le daría quórum propio en ambas cámaras, ni tampoco permitiría asomar la amenaza de hegemonía, pero sí asegura un presente que los pone en camino hacia el objetivo futuro, la  renovación por cuatro años. Los resultados de las PASO fueron un mentís a aquellos, muchos, que efectuaban un razonamiento lineal que conectaba automáticamente causa y efecto entre la situación socioeconómica fruto de la recesión y un voto castigo. Este cálculo simple no funcionó en plenitud para quienes auguraban un naufragio electoral de Cambiemos (ya antes habían anunciado la caída del gobierno al cumplir los seis meses de ejercicio). Ahora, la esperanza está puesta en el endeudamiento como una bomba de relojería.

Si hay algo que invita la compleja realidad política no es al simplismo, precisamente, sino a un análisis exhaustivo y profundo sobre el escenario nacional. Para esto es inevitable atravesar primero por un análisis de la situación internacional y regional. Hoy, la política de Trump nos considera individualmente y no como región, y además el número de los países amigables a un compromiso de enlace y alianza, ha disminuido. Nuestro obligado socio que es Brasil, navega en la incertidumbre en manos de la derecha que quiere ordenarlo terminando con el PT y la aspiración de Lula. El BRICS está debilitado por la desaceleración de sus socios, sobre todo de China que registró una performance menor, obteniendo un modesto 6,6% de incremento del PBI. Una cifra envidiable para nosotros. 

Hay un mecanismo repetido en las izquierdas y en las derechas que consiste en aplicar un determinismo económico sobre la conducta de los votantes o de los ciudadanos fuera de lo electoral. Es cierto que muchos de los que votaron la boleta de Cambiemos, están afectados por la recesión y no muestran entusiasmo por las políticas económicas y sociales, sin embargo votaron por Bullrich con el imprescindible respaldo de Vidal.

Los que nos dedicamos a estudiar la Opinión Pública con el fin de equivocarnos menos, advertimos a quien quería escucharnos, dos cosas: primero, hay que liberarse de este simplismo de considerar que la sociedad vota sólo por intereses; y segundo hay que prestar más atención a otras fortalezas que puede ofrecer el adversario y a las propias debilidades que son sistemáticamente negadas. La negación ha sido hasta ahora una obturación importante para la reconstrucción del espacio nacional y popular.

Esa manera unívoca de ver es ideológicamente contradictoria para el progresismo porque es una manera de devaluar al ciudadano en su soberanía, se comete un error cuando se quiere explicar una derrota electoral considerando que los sectores humildes no logran tomar conciencia (falsa conciencia) de quién los ayuda, creyendo que es su propio esfuerzo y no el gobierno quien logró tal nivel de consumo en el pasado. Fito Páez lo dijo directamente, “da asco la mitad de Buenos Aires", el 12 de julio del 2011 cuando fue elegido Macri como Jefe de Gobierno. Sobre esta expresión descarnada del rosarino, se montaron y se montan enunciaciones parecidas, pero más simuladas, emitidas por encumbrados dirigentes. En ese sentido, la falsa conciencia va y viene según vaya en la feria electoral.

Sin embargo, creer lo contrario, que el factor “bolsillo” no pesa, es una exageración ingenua. El sujeto tiene intereses, pero también tiene valores, no es un sujeto vacío de una ética social, como lo es en el pensamiento reaccionario que interpreta que lo popular no tiene cerebro, que es pura emoción, pura pulsión. Así fue degradado el peronismo por décadas, ahora es degradado el populismo, y también, a veces, es degradada la democracia, sobre todo cuando es banalmente comparada con cualquier dictadura.

En esta elección, decíamos, se enfrentan dos ejes principales, no únicos, sino principales. Uno es el efecto sobre el elector de la nueva situación socioeconómica, disminuida en comparación al 2015, pero la coyuntura económica y el frenesí electoral ocultan que la situación social vino declinando desde hace años, agravada con la ausencia de Estado en circunstancias apremiantes de pobreza. Se señaló que la pobreza había nacido a partir del gobierno de Macri y lo que ocurrió realmente es que se incrementó durante el actual gobierno, con un millón y medio más de pobres durante 2016. Según el Observatorio Social de la Universidad Católica, la pobreza alcanzó en el 2013 el 27,5%. En ese momento existían más de 11 millones de pobres en el país. Es oportuno recordar que el INDEC de entonces estimaba que la pobreza apenas alcanzaba al 4% (de ese dato surge el brulote: “menos pobres que en Alemania”) El número era tan bajo como escandaloso y, a partir de entonces, el INDEC decidió no difundir los datos del segundo semestre del año 2013. Lo mismo pasó con la inflación desde el 2007 en que trepó a los dos dígitos, mientras la institución de estadística nacional maquillaba un valor inferior. En enero del 2014 se produjo la mayor devaluación desde la asunción del kirchnerismo, registrando una caída del valor monetario de 18,63%, esto aceleró el empobrecimiento general. Ni bien Macri se sentó en la casa de Gobierno, determinó una devaluación del 40%, que fue en gran medida causante del envión hacia una mayor pobreza e indigencia que ahora sí registró el Instituto Nacional de Estadística y Censos.

Cuando los problemas son estructurales, atraviesan a varios gobiernos de diferente signo que no pueden remover a fondo los factores profundos que constituyen la tarea de la fábrica de pobres, que se agrava en nuestra economía dependiente con cualquier tropiezo de la economía mundial, o cuando se pretende recuperar el tipo de cambio para fomentar la exportación. Ahora se intensificó el uso de las ambulancias sociales para mitigar la urgencia, mientras el macrismo eleva su principal estandarte como victoria: el derrame. Esa larga promesa incumplida del liberalismo argentino.

Entonces, en el momento del voto no existe un panorama tan opcional para el votante que signifique elegir entre el bien y el mal (salvo para el 30% de los muy pro o el 30% de los muy contra). Por supuesto que la vinculación entre la economía y la sociedad es crucial para las orientaciones de la opinión pública, pero esto visto desde la complejidad de la decisión conductal ciudadana es un dato a considerar, pero no es el único. Además, los electores padecen contradicciones, hay opiniones y contraopiniones que se cruzan en una misma decisión.

En el caso de la Provincia de Buenos Aires, CABA, Córdoba y algún distrito más, la polarización alcanzó a imponer su dicotomía. Jugó un factor más de elección que podemos ponerlo en el casillero de los valores y es el rechazo al pasado kirchnerista. Estos fueron los dos ejes más destacados, la economía individual y el rechazo al kirchnerismo, que jugaron en la conciencia del votante, aunque no los únicos. Es decir, Cambiemos con el PRO a la cabeza, ha alcanzado cierta cooptación de sectores medios y bajos directamente afectados por el ajuste, y ese logro electoral se ha producido por la negatividad hacia Unidad Ciudadana. Este es un punto que el kirchnerismo no ha logrado aún resolver, y hay que admitir que es difícil solución; qué hacer con la proyección desfavorable de su imagen? Considerando además que la judialización es un goteo diario sobre sus espaldas.

En realidad no hay nada en la actual situación económica (que el gobierno considera en recuperación sin que el grueso de la población lo perciba) que entusiasme a los electores, más que el sentido que le da la confrontación con el gobierno anterior.

Se sabe que algunos de los votantes de 1País emprendieron o emprenderán el camino del voto útil hacia el oficialismo. De origen peronista, los votantes de Massa optan por evitar que CFK gane antes que considerar que un triunfo de Unidad Ciudadana pueda ser una victoria del justicialismo bonaerense.

El gran desafío para la ex Presidenta es encontrar la forma de romper el techo que la limita para la obtención de más votos de los que tuvo. Sin tener asegurado un resultado, es inevitable que se ponga a caminar las calles del territorio bonaerense y denunciar a la recesión como el principal adversario. Su llamado a la oposición peronista fue una jugada destinada a señalar que si no se usa el instrumento de la boleta que la incluye, el peronismo puede perder el 22 de octubre. Massa y Randazzo salieron a negarle cualquier posibilidad de diálogo. Ergo: ellos serían los responsables del fracaso según el metamensaje del escrito.


Una derrota aunque pequeña de CFK sería, para muchos dirigentes peronistas, un paso más hacia el final de un ciclo. Habrá que ver qué sucede en los meses siguientes porque el panperonismo atraviesa uno de sus peores momentos (varios gobernadores peronistas tratarán de recuperarse del traspiés de las PASO), y su recomposición será posible sobre el poder de la conversación que tratarán de tener después. Se escucharán, tardíamente, los lamentos de algunos dirigentes que ahora dirán que se han equivocado en algo. El 2019 viene muy rápido.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Randazzo en Coronel Dorrego... Crónica de un Randazzo anunciado.






El ex auxiliar de ferrocarriles y DNI pasó por Coronel Dorrego y dijo lo que ya todos sabíamos; y no dijo lo que también sabíamos que no iba a decir..







Aquí los antecedentes que avalan el título:


1- Por Mario de Casas,  Ingeniero civil. Diplomado en Economía Política, con Mención en Economía Regional, FLACSO Argentina – para La Tecl@ Eñe




Ni pendencieros ni burócratas, Por Mario de Casas,  Ingeniero civil. Diplomado en Economía Política, con Mención en Economía Regional, FLACSO Argentina – para La Tecl@ Eñe
A partir de la dinámica electoral y del lanzamiento del espacio “Cumplir”, Mario de Casas analiza en este artículo las contradicciones en el seno del Movimiento Nacional, que suelen ser funcionales a los sectores conservadores, también cuestionados desde una perspectiva gramsciana que incluye a la gran prensa.

La dinámica electoral y el lanzamiento del sector autodenominado “Cumplir”, ha puesto en vidriera características del proceso político argentino que si bien no le corresponden en exclusividad se dan aquí con ciertas particularidades.

Se podría definir lo burocrático como un estilo en la práctica política, con distintas aristas, una de las cuales supone actuar en la órbita de valores -o disvalores- e intereses que impone el adversario, particularmente cuando éste se ve favorecido por la relación de fuerzas. Así, por ejemplo, detrás de formulaciones inocentes se encubre la búsqueda de algún objetivo públicamente inconfesable. Es el caso de Randazzo, quien al postularse en estos días ha repetido con indisimulado cinismo “pensamos que los candidatos no deben ser elegidos a dedo”, cuando en 2015 pretendió ser ungido nada menos que candidato presidencial por el dedo de Cristina. No es necesario ser un agudo analista para ver que esa letanía busca ocultar lo que no es otra cosa que una maniobra más para debilitar la única fuerza socio-política con credenciales y posibilidades de derrotar al macrismo, y desandar su proyecto reaccionario.

La burocracia todo lo quiere consensuar, cultiva un falso realismo que termina en pragmatismo ramplón y rechaza cualquier iniciativa de someterse al juicio teórico: los maestritos de la derecha le han enseñado que eso es pura “ideología”, y que la ideología no tiene nada que ver con el mundo práctico. Entonces su actividad está a salvo de ese sentido de innovación propio de la política transformadora, de esa proyección socialmente superadora que ésta busca en cada táctica, en cada hecho para que no se agote en sí mismo.

El burócrata está inmerso en una serie de relaciones superestructurales de las cua­les cree valerse pero que en realidad lo tienen aprisionado; suele ser sensible a tonteras como las acusaciones de “populista”, y cultiva las banalidades sociológicas que le inculcan bajo disfraz “progresista”, por lo que declara fantasioso y aventu­rero todo planteo que desafíe la correlación abrumadora de fuerzas en contra de los intereses populares. Aunque se manifieste con otras palabras, afirma que el Movimiento nacional no debe ser “clasista”, porque confunde la composición policlasista del Movimiento con su ideología: supone que existen ideologías policlasistas o neutras. No puede entender que, en un frente de lucha, estamos todos de acuerdo con el policlasismo; pero que la ideología es transformadora en función de los intereses de los sectores subalternos o es reaccionaria.

Otra seña inconfundible del burócrata es su adhesión a lo que podríamos denominar psicologismo, ese método de análisis político-social apenas un escalón superior a la hechicería: para tener una idea de su cientificidad basta considerar que es el único que conocen los influyentes editorialistas de la derecha vernácula. Los mismos que estiman que los enfrentamientos entre unitarios y federales, la causa yrigoyenista y el régimen conservador o el peronismo y el antiperonismo, fueron expresiones de una tendencia histórica a malgastar las energías nacionales en luchas duales que nos distraen de las tareas constructivas; que nos estamos destruyendo por odios y cuestiones sin importancia, que seríamos un gran país si no fuese por esa idiosincrasia nativa que desde hace quince años nos impulsa a pelear en dos frentes estériles: los del kirchnerismo y el antikirchnerismo. Es decir, que el país se ha malogrado porque nos peleamos por puro pendencieros que somos y que no hay solución mientras no corrijamos ese vicio del carácter; lo que en buen romance significa la domesticación del kirchnerismo y el sometimiento de los sectores populares.

No debe sorprender que surjan burócratas de las filas kirchneristas, corresponde a la contradicción interna del Movimiento nacional: sus componentes principales y su lucha contra la dependencia y por la justicia social lo ubican en uno de los polos de un anta­gonismo irreconciliable en cuyo extremo opuesto está el macrismo; mientras que su organización, estructura y desarrollo teórico están por debajo de esos requerimientos. Seguramente esto no es resultado de la mala suerte, pero tampoco un determinismo que nos condene a convivir con nuestras propias carencias.






2  Por Alberto Nadra, Político, escritor y periodista para La Tecl@ Eñe


Sin adjetivos, discutir y aprender de los errores. Políticamente, Randazzo puede ser un “boludo”, pero de ahí el trayecto hasta “traidor” es considerable. Por Alberto Nadra (para La Tecl@ Eñe)





Ustedes saben, no me preocupa ser “políticamente correcto”, ni adecuarme al sentir mayoritario de los que tienen poder, estén o no en el gobierno, pues jamás busqué beneficios personales, sino la grandeza de la Patria y el bienestar de nuestro pueblo.

Por eso, cuando –a veces como reacción a tanta infamia de los monopolios mediático judiciales, otras por simple anteojeras-- es tan fácil estigmatizar o alinearse como campeones desde posiciones de “purismo”, las más de las veces contradictorias, escribo al correr de la máquina, como es mi costumbre, tanto si me “conviene”, como si no.

A ver compañeros, tratemos de aclarar los tantos.

No soy tan ambicioso para pretender ponernos completamente de acuerdo en estos tiempos complejos, que de todas maneras no lo son más que los que nos tocaron vivir conscientemente a los que llevamos algunos años militando, o sufrir a los que suponen que no se meten en política. Pero razonemos, charlemos sin agresión, tratemos de pensar para buscar los mejores caminos.

Políticamente, Randazzo puede ser un “boludo”, pero de ahí el trayecto hasta “traidor” es considerable.

Aclaro que todo lo dicho y lo por decir es con un fuerte y fraternal espíritu frentista, puesto que como marxista “atemporal”, si tal cosa existiera, me resultaría cómodo eludir lo principal de la accesorio en una etapa y decir, por ejemplo, que no deposito muchas esperanzas en ningún dirigente ni dirigenta de la burguesía, que considere al capitalismo, aún en sus variantes menos “perniciosas”, como su aspiración de máxima, crea que puede ser mejorado con buena voluntad a favor de los trabajadores, y actúa, legisla y gobierna en consecuencia.

No es el caso, y procesos que por comodidad llamamos “populistas”, pese a lo polémico del término, han demostrado cuanto bien se puede hacer al pueblo, sin encarar un rumbo decididamente anticapitalista, aunque uno esté convencido que solo ese camino llevaría a tornar más sólidas las conquistas. Digo sólidas, porque “irreversible”, adjetivo derivado del pujante positivismo del siglo XIX,  que suponía la inevitabilidad del progreso, incluido el social, se ha comprobado una utopía desgarradora, paralizante, y en casos fatal.
¿No es acaso por reacción y rechazo a la desigualdad, la miseria y el dolor de los nuestros, con el sueño de una sociedad mejor, no como un fin en sí mismo sino para cambiar esta realidad, que nos hicimos marxistas, peronistas revolucionarios, radicales yrigoyenistas, cada uno con su enfoque, su propuesta y su camino?

Según el razonamiento de algunos compañeros Randazzo es un traidor por su tozuda pretensión, tal vez justa en un principio, que sin dudas perjudicará en un porcentaje que ignoro, la candidatura de Cristina Fernández, UNICA CANDIDATURA QUE PUEDE GOLPER CON EFICACIA AL MACRISMO.

Por lo tanto, debería profundizar (y adelanto NO es el momento, al menos para regocijo de los monopolios mediáticos) en preguntarnos por qué CFK --que hoy personalmente apoyo sin vacilaciones-- PUSO UN TRAIDOR AL FRENTE DE UN MINISTERIO DURANTE OCHO AÑOS, concretamente sus dos mandatos.

Y si encaramos por ese camino debo recordar que Alberto Fernández fue el Jefe de Gabinete de CFK, al igual que Sergio Massa y Juan Manuel Abal Medina; que Graciela Ocaña estuvo al frente del PAMI con Néstor y con ella de la vital  cartera de Salud (insalubre, dengue por medio), Martín Lousteau en Economía, y que puso A DEDO la mayoría de los candidatos que ahora condena (y condenamos) pues violaron su mandato a las semanas de ser elegidos en las listas del FPV para enfrentar la restauración conservadora.

Como hay algunos iluminados que pretenden, para atacar a Cristina con éste y otros argumentos, vendernos la INFALIBLE  “MUÑECA” POLÍTICA DE NÉSTOR, que sin duda “muñeca” tenía, y del que me enorgullezco haber sido no amigo, pero si compañero de algunas largas charlas, recuerdo que entre los ministros destacados del recordado “flaco” figuraron Roberto Lavagna, José Pampuro, Gustavo Beliz, Horacio Rosatti (el del 2x1 en la Corte, recuerdo), el mismísimo Alberto Fernández como Jefe de Gabinete, y joyitas como Alfonso Prat Gay y Martin Redrado como titulares del Banco Central.

Compañeros, no jodamos con los pases de facturas personales, o pasar de la obsecuencia a la crítica total. Vamos al fondo de la cuestión y discutamos lo que no se hizo (encarar la renta financiera, pesquera, petrolera, minera, y no convertir en ley conquistas que hoy pueden ser revisadas mediante un simple decreto, para citar solo algunas de mayor importancia), lo que se hizo mal (abandonar la idea de “transversalidad” o de un frente nacional  amplio, con protagonismo de todas las fuerzas que fueron conformando el movimiento nacional y popular, dándoles el espacio y la oportunidad para que construyan CONJUNTAMENTE poder popular en el territorio y en cada espacio laboral, productivo, estudiantil).

Se trata DE DISCUTIR Y APRENDER DE LOS ERRORES (los dirigentes en primer lugar), no ignorarlos, y menos repetirlos,  para ahora encarar la PRINCIPAL TAREA DE LA HORA: SUPERAR AL MACRISMO EN LAS PASO DE AGOSTO con particular atención en la figura/símbolo de CFK en la provincia, y DERROTARLO EN OCTUBRE, a lo largo y ancho de país.




3 ¿Randazzo, tajaí ? preguntó preocupado Massa.. Por Gustavo Marcelo Sala


Randazzo viene a finalizar la tarea de Massa, esto es, reencausar al peronismo dentro de esa abstracción de derechas de la que nos habla Horacio González


Horacio González sintetiza al peronismo como "una abstracción de derechas en donde el sistema de bienes de producción privado nunca será puesto en litigio, permitiéndose solamente socializar los servicios, ergo los gastos, nunca las rentas, implementando al mismo tiempo una cierta distribución moderada de la riqueza vía derrame impositivo, no más.." 
Paradójicamente no existe movimiento político o partido más inclusivo que el peronismo. Los diagramas de Venn que confluyen en él son variopintos desde el punto de vista ideológico y digo paradójicamente porque esa diversidad es lo que motoriza la oposición más descarnada y voraz. Sin embargo nunca como antes he observado tanto peronismo antiperonista, incluso durante el menemato las líneas internas opositoras al caudillo riojano se presentaban ciertamente moderadas, respetuosas de su investidura y nunca pusieron en duda su continuidad, a pesar de la notoria destrucción que estaba llevando a cabo. Vale decir, jamás, en aquellos tiempos, le presentaron a la sociedad recetas destituyentes. Acaso la abstracción de derecha de la que nos habla Horacio González tenga que ver con la historia reciente; acaso el kirchnerismo, sin llegar a poder considerarse ni tan siquiera como progresista, no se trate de esa abstracción de derecha pura tal cual el histórico “deber ser” subsistente del peronómetro transversal le exige a su dirigencia.

Dice H.G: “Buena parte de la estructura interna del peronismo está cimentada por la contradicción. Su ala derecha no muestra grietas al respecto, ni la de antaño ni la actual. Hoy la Triple A no es necesaria, su lugar está ocupado por las corporaciones mediáticas afines. Alguna vez Ortega Peña, en la soledad de su banca, habló sobre la necesidad de entablar acciones políticas concretas cuando la correlación de fuerzas lo permitiese, en ocasiones la verdadera identificación debe merecer momentos de profunda meditación, acaso de silencio. Por otro lado si gobernar es movilizar, y sabemos al mismo tiempo que nunca vamos a detentar el poder real para terminar con las asimetrías sociales bueno es hacer todo el ruido posible, porque  gobernar es movilizar, es responder, es contestar. Es hora de movilizar, basta de silencio, es necesario el armado de una ingeniería comunicacional popular que desbarate toda y cada una de las operaciones y a su vez tenga capacidad de contraataque. Los poderes fácticos no van a ceder un milímetro en estas cuestiones”.

Como mencionamos hace pocos días la estigmatización es una conducta política asentada, forma parte de la plataforma política de la derecha peronista y no peronista, de modo que el antagonista ideológico (corporaciones) ha logrado modelar estructuras internas y externas al movimiento que es necesario interpretar en su verdadera dimensión.




4 Anexo.

Los fans de Randazzo – Por Gustavo Marcelo Sala





El movimiento obrero en una encrucijada. Los que apostamos a la lucha sabemos que las clases no son pasivas receptoras de las maniobras de los dirigentes.





Por Guillermo Martín Caviasca, Docente de la UBA y de la UNLP,para La Tecl@ Eñe


El poder del Movimiento Obrero es dilapidado por una CGT que se mantiene unida a partir de la idea de no romper lanzas con el gobierno, objetivo sujeto al binomio “presión/negociación”. El problema y desafío que plantea esta posición es que ante los intereses de un grupo que negocia por sobre las necesidades de todo el movimiento obrero, la ruptura es un destino casi inexorable.



El General Perón insistió siempre a los dirigentes obreros y a los trabajadores en general que mantuvieran la unidad, que preservaran sus organizaciones. Que si así lo hacían no podrían ser vencidos en los periodos en que se desataba una ofensiva contra la clase trabajadora y sus estructuras. Ese consejo fue asumido como una verdad y principio fundante del movimiento obrero argentino. No era nuevo en realidad, desde sus orígenes socialistas y anarquistas, las organizaciones obreras fundaron confederaciones que expresaban esa tendencia a la unidad. También es cierto que en la mayoría de nuestra historia esa unidad fue más teórica que real. Una expresión de deseos. O una muestra de conciencia de clase y su dificultad de hacerla organización concreta.

Salvo bajo los gobierno de Perón, siempre hubo divisiones. Si no explícitas en la existencia de dos o mas confederaciones de gremios; implícitas, de tal forma que operaban en la política nacional diferentes agrupamientos ad hoc para “negociar” o pelear por separado. Combativos y vandoristas. Participacionistas, clasistas, etc. actuaban con dinámicas propias. Así tuvimos CGT Azopardo y de Los Argentinos, JTP, Coordinadoras, Los 25, Gestión y Trabajo, etc. Hasta que la CGT de Ubaldini unificó a los trabajadores y los reclamos populares, fue la última experiencia de unidad que extendió su manto a todo el pueblo con los famosos (y justos) 26 puntos.

En el pasado más reciente, la década menemista, la CGT (que venia unificada desde el periodo alfonsinista bajo la dirección de Ubalidni) de dividió en tres sectores. La CGT permaneció oficialista, o conciliadora, y surgieron en MTA (Movimiento de Trabajadores Argentinos, conducido por el tándem Moyano-Palacios de los sindicatos del transporte) y la CTA (Central de Trabajadores Argentinos: una experiencia nueva propensa a la “libertad sindical” y a aglutinar otros sectores no asalariados, articulada en trono a docentes y estatales). Esas dos expresiones dieron batalla en la segunda mitad del gobierno de Menem, siendo fundamentales en la reaglutinación de la nueva resistencia popular, aunque faltaron a la cita en la crisis del 2001 (o fueron a otra).
Con el kirchnerismo, la hegemonía de Moyano y su prestigio ganado en la oposición al neoliberalismo permitió una reunificación (aunque sin la CTA, que continuó como una confederación menor, atractiva para activos militantes marginados de las direcciones de las grandes estructuras). Moyano condujo la unidad en el periodo expansivo de la economía kirchnerista: millones de trabajadores se incorporaron al empleo formal y los salarios aumentaron. Esto no fue homogéneo y la clase obrera no recupero su homogeneidad del periodo pre-neoliberal, pero sin dudas se expandió en varios sentidos. Uno, de ellos es el de engorde y/o fortalecimiento de las estructuras sindicales que, bajo la legislación argentina son depositarias de un poder y de una representación directa de los trabajadores de su sector económico.

La coincidencia de la crisis política entre MO y el kirchnerismo con la primera crisis económica pos 2001 no debe sorprendernos. Allí se desnudaron perspectivas distintas de construcción política y de concepción de cómo se construye poder social. Sin entrar a profundizar, el sindicalismo reclamaba para sí el tradicional peso de la clase obrera organizada sindicalmente en las estructuras del peronismo y dentro del Estado. El kirchnerismo buscaba una representación multisectorial de sujetos sociales con sus reclamos en “pie de igualdad”. El kirchnerismo triunfó sobre el MO, ya que representaba una tendencia de la sociedad “pos fordista”: la ruptura de la homogeneidad de trabajador asalariado, la dispersión de los sujetos oprimidos, la “diversidad”. Aunque en ese triunfo fue gran parte de su poder real y de la sustancia que hacia al peronismo un poder social que iba mas allá de su número electoral.

Frente al nuevo gobierno de Cambiemos, el MO argentino tiene un desafío novedoso: es la primera vez que encuentra como antagonista a un gobierno plenamente antiobrero y antisindical con amplia legitimidad electoral. Para muchos eso debía indicar que la unidad de la CGT era un hecho cantado. Era la única alternativa racional para enfrentar lo que aparece como un indudable proyecto que tiene como objeto deshacer las estructuras legales, institucionales y sociales que hicieron del MO argentino un factor de poder ineludible, una corporación de peso institucional, casi una parte del Estado; o como dijo Antonio Gramsci “estado” en sentido amplio. Pero la unidad fue más difícil de lo previsible. Subsistieron, aunque en decadencia prolongada, dos CTAs, diversas corrientes de izquierda y fracciones de derecha con el nombre de “62 organizaciones” directamente vinculadas al gobierno y las patronales.

Igualmente la CGT se reconstruyó con un hipotético poder de fuego en condiciones de parar el país con facilidad. Para lograr la unidad reflejó a varias tendencias y con la novedad de incorporar a organizaciones que representan  a la amplia fracción de trabajadores excluidos del sistema de salario formal. Pero las estructuras sindicales si bien conservan su poder institucional, han cambiado en consonancia con ya varias décadas de primacía de un nuevo modo de acumulación  Que implica esto: en cada etapa histórica el capitalismo transforma las relaciones con el asalariado, para organizar la extracción de plusvalía acorde a su propia acumulación y a las transformaciones materiales, sociales y políticas. También transforma las relaciones entre capitalistas y entre Estados. En relación con esto se transforman las instituciones estatales y sociales que expresan ese nuevo modo de acumulación. El capitalismo neoliberal no pudo en Argentina transformar radicalmente a los sindicatos, en su forma, pero cambió su representatividad y transformó (o alteró la relación de fuerzas) al interior de su capa dirigente y con sus bases.

La estructura sindical argentina es una fuerza social no solo por sus bases obreras, sino por que los sindicalistas constituyen una capa que cumple muchas funciones y que están a la cabeza de un enorme “aparato”. Al interior de esa capa se consolido una tendencia que concibe al sindicalismo cono “gestión”, en algunos casos como función ordenadora del trabajo para el capital y en otros como parte del Estado. Es la ideología de los antiguos participacionistas. Es la salida que le dio en Menemismo a una parte mayoritaria de las direcciones, crecer como “aparato”, como mediadores entre el capital y el trabajo, como socios en empresas, aun `perdiendo en algunos casos el grueso de sus afiliados. Solo en caso de la Unión Ferroviaria, socia de la privatización y desguase del sistema ferroviario, dejo 60 mil trabajadores en la calle y al gremio con solo 8000 afiliados. No fue “solo”· corrupción personal, sino una concepción de adaptación de la función sindical a la nueva lógica del capital.
Es imposible entender el comportamiento de la dirección sindical si no damos cuenta de las transformaciones estructurales del capitalismo y como operan en la forma concreta de organización sindical argentina. El macrismo tiene como objetivo estratégico transformar tanto la legislación laboral como la organización sindical. O sea alterar el balance de poder entre las clases dando cuenta jurídicamente de lo que el capitalismo actual a nivel global (no necesariamente nacional) considera óptimo. Es una identificación con los modelos tipo chileno y brasileño, pero en Europa la cuestión es similar. En realidad la historia del MO argentino es muy diferente a la de los latinoamericanos, es más poderoso en todos los sentidos, y es un actor indiscutido de la lucha política y de la pelea económica. Y lo es por peso propio.

En estos últimos dos años se esta implementando un modelo de país que pretende ser un cambio radical y profundo que “termine con la argentina populista”. Amparado en caballitos de batalla como la corrupción, lo que se realiza es, en primer instancia, una transferencia de ingresos de los asalariados a los propietarios, en segunda de los sectores de la economía mercado internistas a los globalizados, y en tercera desde el país hacia en extranjero. Pero esto, que dicho así solo prueba a ofensiva del capital en el terreno económico, aspira a ser sancionado como una transformación estructural que cierre el ciclo abierto en 1976. Lo cual implica barrer lo que queda de las viejas conquistas hechas instituciones por el peronismo. Adecuar Argentina al mundo es hacer de nuestro país un espacio de negocios, es hacer dogma la idea de mercado como mejor regulador de la economía, la moneda, el trabajo y la naturaleza. Y por lo tanto eliminar las trabas a ese sistema, una de ellas es el sindicalismo tal como lo concibió el peronismo. O sea terminar con el poder sindical autónomo y con capacidad de veto. ¿Permitirán los dirigentes esto? Muchos indicios dicen que si, pero la pelea en el mundo sindical esta desarrollándose en este momento. Dependerá de la habilidad el gobierno para “negociar” con una mayoría dispuesta a “moderar” y “preservar” mediante el diálogo.

Sin embargo en el MO hay una amplia cantidad de militantes que ven con claridad el problema y también un conjunto de dirigentes que lo expresan públicamente. Los agrupamientos y tendencias son diversos, desde Pablo Moyano hasta las CTAs, desde la Corriente Federal hasta el triunviro Shmid. Pero la relación de fuerzas muestra que sindicatos como UOM, SMATA, por mencionar dos de los industriales, se encuentran en la vereda de la “pacificación”. Lo de SMATA es lamentable ya que su integración a los intereses del complejo automotriz es total. Pero la UOM no muestra tener nada que ganar, parece condenada a una caída libre que no se refleja en una resistencia acorde. Aunque algunas ramas esta insertas en núcleos dinámicos del capitalismo argentino como los siderometalúrgicos. Los gremios del transporte, que fueron el pilar de la resistencia sindical al menemismo y claves en cualquier plan de lucha, tiene una baja importante la UTA conducida por Fernández. Esta organización es socia privilegiada del ministro de transporte Dietrich. Si en los 90 la UF fue el paradigma de la integración como socio de negocios y abandono a sus bases (amen renunciar a toda retórica de defensa del patrimonio nacional), hoy se suman los colectiveros dejando al mundo del transporte débil para garantizar un paro. Y así podríamos extendernos en corrientes como la expresada por la UOCRA tradicional gremio participacionista y los estatales de UPCN, los del agua, etc. etc.

O sea si antes se acusaba de “reformismo burocrático” al sindicalismo vandorista hegemónico, hoy avanza una tendencia que tiende a la hegemonía y se reorienta hacia la “gestión de recursos humanos autónoma” para amoldarse al capitalismo, tal es el lugar que se le reserva en el modo de acumulación actual. Sin embargo la resistencia es fuerte, como lo expresan Palazzo en la conducción de bancarios, los sindicalistas de Seguridad Social como Fabre, los Camioneros y la izquierda. Pero insuficiente para ganar la disputa y hacer jugar el aparato en un plan de lucha y parar el país por una decisión orgánica. Quizás haya que reemplazarla por la lucha.

El 23 de setiembre el máximo organismo representativo de los trabajadores (o de los dirigentes, que asumimos con un grado de legitimidad aunque no nos guste en numerosos casos) el Comité Central Confederal, se reunirá para ver como enfrenta al macrismo. Estamos ante una coyuntura estratégica. El proyecto que expresa Cambiemos puede ser revalidado electoralmente.

Vivimos una situación “enrarecida”. La desaparición de Maldonado en coincidencia con el desarrollo de las PASO se instala como centro de discusión con cada vez mayor fuerza. Ha dejado en un segundo plano a temas como el plan económico y laboral del gobierno, la corrupción y la inseguridad. Es un tema más enrarecido aún por la fantasiosa creación de la comunicación oficial de una “guerrilla indígena” en el sur, y por la cada vez mas fuerte certeza de participación la gendarmería en una desaparición forzada y en un operativo dirigido directamente por el gobierno contra siete personas que cortaban una ruta. ¿Cuánto puede afectar esto la decisión de lucha de la dirección sindical? Eso depende de si apuestan a la gobernabilidad, a calmar el ambiente, a colaborar que las cosas fluyan lo más encauzadamente para Cambiemos y los políticos que aspiran a una reproducción ordenada del statu quo; o si apuestan a “patear el tablero”. Entre dos elecciones nos encontramos en una situación clave para desgastarlo, Los sindicatos son la única estructura organizada del pueblo argentino con la capacidad de darle una batalla real y ponerle palos en la rueda, y hasta derrotarlo.

Parece difícil con las expresiones de dirección existentes. Pero, en muchos casos, la política del gobierno y la burguesía ensoberbecida, logran lo que la organización conciente no. Si el macrismo y las patronales van por todo por sentirse demasiado fuertes o porque se sienten ante una oportunidad histórica, quizás generen una reacción que vuelque a los acomodaticios tras las fracciones dirigentes dispuestas a luchar. Por otro lado la presión de las bases, de las organizaciones de base, de las regionales, y algunos sindicatos pueden ayudar a crear un clima que altere la correlación de fuerzas hacia el polo de la confrontación.

Hoy la unidad sindical proclamada por Perón parece más bien un ancla que un poder. La unidad construida en la CGT depende de un equilibrio de tendencias que se mantienen unidas a partir de un punto en el cual se impone no romper lanzas con el gobierno. Se lleva la idea de “presión/negociación” al plano exclusivo del diálogo. Cuando la “amenaza” de plan de lucha llega a la CGT los dialoguistas apelan al “dialogo” o amenazan con la ruptura. Y el gobierno dialoga, eso es verdad, avanza y dialoga. Los planes de lucha se desinflan, se reducen a la retórica, el pueblo se desalienta y pierde confianza. El enorme poder del MO expresado, aún en esta situación calamitosa, en tres grandes movilizaciones y un paro general masivo, es dilapidado. Pero aún Perón, apóstol de la unidad, que tanto llena la boca de los sindicalistas (aunque cada vez menos), sabia que cuando “algunos” negociaban demasiado y ponían sus intereses de grupo por sobre los del “movimiento” había que romper y potenciar líneas de mayor dureza.

El futuro no es predecible. Los que apostamos a la lucha sabemos que las clases no son pasivas receptoras de maniobras de los dirigentes. Allí tarde o temprano se dirán las palabras que barrerán (o no) a este proyecto macrista y a los que lo acompañan desde los sitiales que no deberían ocupar en los sindicatos.

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sábado, 16 de septiembre de 2017

El modelo es Blade Runner. El modelo es hoy. Por Mariano Dubin, para La Tecl@eñe







Bullrich en Tel Aviv o un salto en la violencia política

Por Mariano Dubin, Licenciado en Letras. Docente e investigador de la Universidad Nacional de La Plata. Para La Tecl@ Eñe


Las PASO fueron otro derrumbe estadístico. Cristina Kirchner no arrasó. Y el PRO, luego de un año y medio de políticas reaccionarias, logró un piso electoral nada despreciable de un tercio del voto nacional. Lejos, desde ya, de los “comienzos fundacionales” de Alfonsín, Menem y Kirchner con primeras elecciones contundentes pero lejos, también, del fantasma delarruista.

De un escrutinio mustio surgió un triunfo electoral escueto de Cristina Kirchner en Provincia de Buenos Aires. Ahora en una nueva elección que posibilita la polarización, tal vez, tengamos un número preciso de votantes que apoyan al gobierno: ¿cuántos electores de Randazzo, de Massa, de otras fuerzas, terminarán en Esteban Bullrich? En este “ballotage” se juega más que la pasión de pertenencia, la de rechazo: ¿qué es más masivo el antikirchnerismo o el antimacrismo? Podremos conocer pronto el aguante popular al macrismo que lograría una estructura de sentimiento anhelada por cualquier populismo: un voto que no se referencia en su inmediatez material sino en la adhesión de valores postreros. Hay otra hipótesis (más frágil): que el PRO haya alcanzado su techo y el votante de Massa que simpatiza con Macri ya haya migrado. Los números finales nos darán material de análisis pero siempre en proceso de ser otra cosa: todo puede transformarse en la creciente conflictividad social.

No obstante, hay datos a considerar. Cristina Kirchner está muy lejos de ser un cadáver político como le gustaría a Feinmann y a los periodistas que hacen de sus frustraciones e impotencias personales (y sobres que van y vienen) un programa ideológico. Está muy lejos, asimismo, de líderes de mayorías como Hugo Chávez o Juan Perón. No sólo por sus votos magros sino por la pasión que despierta en las clases populares: sí, hay voto pero no hay pasión mayoritaria. Hay un sector de amor desmedido (como todo verdadero amor, por otra parte) en pequeños sectores sociales. Hay un sector de las clases trabajadoras que la votan con indiferencia o pragmatismo y otro importante sector que nunca la votaría. El kirchnerismo en su derrota política de 2015 se replegó en grupos militantes de clase media que creen, a un destiempo histórico y contra toda prueba documentada, que la ilustración es el arma política por excelencia. Hicieron, en su momento, picnics militantesen las zonas más ricas de Capital Federal (donde Macri había sido votado por casi el 80% de los votantes). La calle, por el contrario, sigue siendo más prolífica y salvaje. Ahí aparece, nuevamente, el desmadre popular: trabajadores, desocupados, cartoneros, campesinos. Cortes de rutas, marchas multitudinarias, asambleas. Sin embargo, nadie logra hacer de esa acumulación social, una síntesis política.

¿Culpa de Cristina Kirchner? No, esa es la fácil. Pensar que la política argentina depende de las posibilidades e imposibilidades de un actor. Miren a los costados de la rosca política y vean el mayor de los desiertos ideológicos. No se puede exigir a otro lo que no es y lo que uno no ha construido.

El Macrismo espera que el piso techo electoral de Cristina Kirchner no sea sólo un tapón para el propio kirchnerismo sino para toda la oposición. Los peronistas que no asumen su liderazgo aciertan que hay un límite en su forma de construcción pero no revisan sus formas mezquinas que replican en versiones cada vez más fragmentadas y reaccionarias. En ese esquema hay Macri ad aeternum. Aunque sabemos que en este mundo criollo la eternidad la venden cortada en cualquier esquina: lo que hoy aparece como estructura perfecta, mañana son sus escombros donde sobrevivimos.

De fondo, el peronismo vive en una confusión. Confunde unidad con rosqueo de dirigentes y liderazgo con narcisismo. Falta programa, movimiento de masas, unidad. Falta todo. Menos narcisismos y cacicazgos sin indios. Eso sobra.

Hay una actitud democratizante, parlamentaria, menchevique que asusta. El peronismo nunca fue liberal. O lo fue de manera póstuma. Hasta la izquierda parece un actor cortés. El PRO, en cambio, es mucho más inteligente y salvaje. Claro: el manejo del Estado, representar a las clases dominantes, controlar todas las fuerzas represivas, la justicia, el periodismo y otras instituciones basadas en el proxenetismo de los apellidos ilustres es clave. Nuestro devenir ontológico electoral y republicano es débil frente al pragmatismo conservador. El PRO, como siempre fueron los liberales argentinos, no cree en las reglas republicanas sino para sodomizar a los otros.

No sólo en el truquito del conteo son hábiles sino en reconstruir una agenda represiva. Acá, también, hay un doble movimiento: no es sólo el Estado imponiendo su supremacía sino, como sucedió en todo proceso autoritario perdurable, sectores sociales amplios (aunque no necesariamente mayoritarios) que van instaurando la tópica fascista. Hay un electorado macrista (y tal vez no siempre macrista) que está imponiendo la necesidad de la violencia estatal. Hay ganas de un muerto. O varios. El PRO tiene que jugar en ese equilibrio. También tiene al progrechetismo de los Piter Robledo. El Macri más capaz es el que logra contener a todos.

Lo evidente es el salto en la violencia política. Un salto cualitativo en la lucha de clases. La historia demuestra que no hay vuelta atrás. Un cambio propiciado, en gran parte, por las clases altas y su violencia clasista (un clasismo más perdurable que el de las clases trabajadoras, por cierto). Pero cuando la lucha de clases se tensa no hay paz social sin refundación política. Eso significa muertos y represión. Significa audacia política. Todo a verse.

Sin duda esta violencia política nos exige un análisis no parlamentario (¡hay que dejar de ver el canal de Boudou!). La represión es, sin duda, una apelación política de mediano plazo. Uno pensaría sino que la violencia de Lewis, de Benetton, de Braun, de Rocca, de Blaquier da cuenta de un momento pre revolucionario o de una restauración conservadora post revolucionaria: ¿dónde están los soviets de fábrica, los territorios liberados? En ningún lado. Lo que no niega una estructura social y de derechos extendidos por el kirchnerismo que se busca desmantelar. Vivimos una (fantasmagórica) fiesta prolongada de las clases medias que gozan su llegada a Miami (con o sin tornado) luego de una temporada en los gulags kirchneristas.

No hay otra lectura posible a una decisión (donde juegan, también, Tel Aviv y Washington) de un reordenamiento político y económico y donde lo militar y, en particular, los servicios de inteligencia juegan un papel novedoso. Bullrich en Tel Aviv sería el título de la nueva obra. Cambien mapuches por palestinos y tendrán toda una hoja de ruta de la derecha sionista de los últimos (casi) setenta años.

La represión no es, necesariamente, pura dominación. El macrismo lo sabe: ahí están los 30 muertos del fracaso De la Rúa. La Alianza no logró dominación, ni hegemonía. Macri va por la hegemonía y espera replicar un modelo de apoyo popular a la represión. Para eso necesita un Estado atomizado, una población confundida y luchas sectoriales asfixiadas en su inmediatez. Chile y Colombia, con diferencias sustanciales, son modelos posibles. A diferencia de las colonias y neocolonias pretéritas, donde el Estado apostaba a una infraestructura centralizada y compleja, la tierra arrasada es el plan óptimo del imperialismo. La distopía presente nunca sería la del mundo controlado y homogéneo a lo 1984 o Un mundo feliz. El modelo es el caos. El refrán popular ya lo define: a río revuelto, ganancia de pescador. El modelo es Blade Runner. El modelo es hoy.


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